ste árbol, también llamado "árbol del pan del mono" por sus
frutos comestibles, junto con el drago de Canarias es objeto del máximo respeto por su gran
longevidad, pues se trata de un auténtico Matusalén de los vegetales cuya vida
se estima que puede superar los 2000 años. Se tiene conocimiento de baobabs
datados en 4000 años de antigüedad.
Pertenece a la familia Bombáceas, y es un genuino
representante del género Adansonia, denominación dada en honor del
naturalista francés Michel Adanson (1727-1806), el cual tuvo la oportunidad de
vivir en Senegal y estudiar durante cinco años la vegetación del lugar; sus
trabajos y observaciones quedaron recogidos en el libro Historia natural del
Senegal.
En cuanto al nombre de la especie Digitata, alude a la
forma que presentan las hojas, las cuales recuerdan una mano con sus dedos
(dígitos). Las hojas también puede asemejarse a raíces, de ahí que los ingleses
que viajaban a sus colonias en Asia los describieran como "árbol del
revés".
Michel Adanson (1727-1806)
Aunque el baobab se da en el citado país africano, también está distribuido en
determinadas formaciones llamadas por los botánicos Duriherbosa e
Hiemilignosa o bosque monzónico, las cuales se caracterizan por presentar
una prolongada estación seca y otra de lluvias. Así, se pueden encontrar baobabs
en las amplísimas llanuras de la sabana africana, sur de Madagascar y zonas de
Australia y la India en que se dan estas formaciones. También existe una
representación en América.
El crecimiento de un baobab es lentísimo, y lo hace de forma aislada, alternando
su extraña silueta de árbol milenario con las acacias y otras bombáceas afines,
como las ceibas. Resulta un espécimen peculiar por la forma de su tronco
desproporcionado. Aunque su altura normal suele ser de unos 4 metros, los
ejemplares más longevos pueden alcanzar los 25 metros, con un diámetro de tronco
que puede llegar a medir la sorprendente cifra de 40 metros, e incluso
superarla, lo que ha dado lugar a numerosas leyendas, como las referidas a las
criaturas que viven en su interior o al tétrico uso que supuestamente se le da
—prisión o cementerio para los
delincuentes—. También es fruto de historias sobre la inmensa capacidad
interna, como la posibilidad de albergar una estación de autobuses.
El tronco de un baobab actúa como un almacén de reserva, un auténtico depósito
natural que conserva los líquidos nutritivos que el árbol necesita para
sobrevivir durante las estaciones secas; basta decir que ese depósito puede
contener más de 100.000 litros, lo que da una idea de la trascendencia que este
árbol supone para determinadas zonas desérticas de África. Además, la gruesa
corteza del tronco protege al árbol de los frecuentes incendios que asolan sus
hábitats durante los periodos de sequía.