LA RADIO EN LA LITERATURA: MONTGOMERY

Evita juntarte con gente negativa. Siempre tienen un problema para cada solución.
[Ralf Fitz James]

 

Obra de Alan Moorehead,  ESCRITA EN 1946, la edición española de Inédita Editores apareció en 2009.

 

En esta ocasión las referencias radiales las encontré en una obra que es una experiencia bélica que no te deja indiferente y sobre un personaje que no pasó sin pena ni gloria por la vida.

A pesar de ser de temática bélica, uno encuentra infinidad de material que nos hace pensar que no todo está perdido en el ser humano, aunque la historia, testaruda ella, parece que está siempre acechándonos y dispuesta a destrozarnos: no aprendemos y apenas se va la generación que protagonizó la contienda, prácticamente ya estamos abocados a enfrentarnos a un nuevo reto y en donde -parece que- la violencia no será ajena a la solución. Quizá estamos pecando de incautos y nos convertimos en corderos por un exceso de confianza en nosotros mismos o en esa infantil manera de solucionar los problemas que, evidentemente, tienen difícil solución.

LA RADIO EN LA LITERATURA: MONTGOMERY

Durante mi tiempo de voluntario en varios países, siempre escuchaba antes de partir, nuestra obligación moral con los pobres de la tierra [luego descubres que sus valores son duros, fuertes, que te dan cien mil vueltas en la cruda realidad del día a día] para que pudieran subir en el ascensor social… Siempre reflexionaba que cada vez que una persona sube en un lado, en otro hay alguien que, forzosamente, se tiene que bajar. Mis colegas de voluntariado no lo entendían y ahora están descubriendo con esas grandes masas de personas en movimiento que su teórico estado de bienestar se les está yendo de las manos… ¡Tarde para reflexionar porque centenares de miles están dispuestos a correr el riesgo de alcanzar el continente que cada vez está en peores condiciones por no decir hundido en la parte que corresponde a economía y recursos gracias a que otros supieron aprovechar las ayudas y hacer subir a sus pueblos que partían de economías bajo cero y salarios de risa que rápidamente se montaron y no quieren bajar del tren que, se les presentaba, en algunos casos, por primera vez en la historia!

Pero vayamos al genial Montgomery que tuvo una vida de grandes experiencias y excelentes ejemplos en su educación. Esperó su hora y demostró que era uno de los grandes militares de la historia. Merece la pena meterse de lleno en su biografía y disfrutar de momentos realmente entrañables en la vida de uno de los más grandes de la II GUERRA Mundial, pero nosotros y en esta sección, lo que más nos preocupa es el mundo de la RADIO así que nos metemos de lleno en materia.

 

“El general de división, sir Charles Gwynn, que estaba al frente de la Escuela de Estado Mayor, recuerda que un día al abrir la puerta del despacho, encontró en el umbral a Montgomery con un aparato de radio en las manos.

-Usted no tiene aparato de radio –dijo Montgomery entrando en el despacho-. Aquí hay uno –y mirando con el rabillo del ojo la pieza-, y éste es el sitio para ponerlo.

El general protestó indulgentemente, diciendo que no necesitaba ningún aparato de radio, y que si él disponía de uno, no había por qué ponerlo precisamente allí. Montgomery replicó que el general estaba equivocado por completo. Finalmente, el aparato fue aceptado, siendo instalado donde él quería, y salió de la pieza”. [100/101]

Las concentraciones en Nuremberg habían sido consideradas como meras exhibiciones teatrales. Y ahora, en la BBC estaba de moda mofarse del enemigo, recordándole lo hambriento que se encontraba y lo bien que nos lo pasábamos nosotros”. [145]

“Montgomery dijo al general Ramsden, que actuaba como comandante del Ejército, que volviera inmediatamente a su cuerpo y enviara un mensaje radiado al Mando de Oriente Medio notificando que a partir de ese instante Montgomery asumía el mando del Octavo Ejército. Eso ocurría a las 14.00 horas del, día 13 de agosto”. [173]

No había cines, ni anuncios y muy pocos diarios y radios para recordar a los soldados que en el mundo existían las mujeres, cuya presencia física no se manifestaba más que de muy de tarde en tarde”. [202]

“La Prensa y la Radio habían sido para Montgomery un libro cerrado; desempeñaban una función parecida a la de los trovadores andantes de tiempos lejanos que, después de terminar una batalla, se sentaban con el laúd cerca de la hoguera en pleno campo y trenzaban agradables y románticas historias acerca de las heroicas hazañas de los soldados”. [205]

“Montgomery leyó los informes, dio algunas órdenes, habló por la BBC y pidió su lancha con la misma tranquilidad con la que uno se va a pasar un día de campo por el Támesis. El espectáculo se parecía a unas enormes regatas. En las playas italianas las muchachas ofrecían flores y frutas a los soldados cuando ponían pie en tierra”. [240]

“La Prensa recibió la indicación de “ir despacio” con Montgomery. Las reseñas de sus discursos eran discretamente apartadas o cortadas por los censores. No se le invitó a que hablara por la BBC. Y, finalmente, se le dirigió una comunicación oficial para que parara su campaña de propaganda”.  [267]

“Se pusieron en marcha planes de decepción y de doble decepción. Se establecieron en Kent falsos campamentos que transmitían comunicaciones cifradas para da la impresión de que se partiría de allí para desembarcar en Calais”. [271]

Churchill manifestó su propósito de desembarcar con las tropas el Día D. Sin embargo, pudo impedírsele que lo hiciera. Pero le enojaba la interminable preparación, la logística, las montañas de toneladas de provisiones, los diagramas, las cifras, los cargamentos preferentes, las piezas de recambio, la longitud de las ondas radiofónicas, la balística, la estadística”. [274]

Mientras muchos comandantes gozaban poniendo de relieve sus conocimientos de táctica, con Montgomery ocurría precisamente al revés. Dejaba de lado todos los preliminares y presentaba, por decirlo así, la solución del problema. Porque creía que la Prensa no era otra cosa que un aparato de transmisión para comunicar las noticias e informar acerca del ambiente, y porque oía y leía reseñas no técnicas de la guerra en la radio y en los periódicos, no se daba cuenta de que los corresponsales no eran necesariamente gente desprovista de conocimientos, y que ellos, y no él, podían vulgarizar en los periódicos las cuestiones técnicas”. [303]

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