EE.UU: La emisora de radio que sobrevivió a Katrina

Por: Cristina F. Pereda

“No hay mal que por bien no venga. No quisiera revivir aquello por nada del mundo, pero nos hizo volver a vivir. Las ayudas nos han ayudado tanto económica como cultural y emocionalmente”. Es el balance que obtiene Ernesto Schweikert director de la emisora de radio KGLA, la única que emite en español en Nueva Orleans. Con 60 años de historia, sólo Katrina ha hecho que esta emisora dejara de funcionar durante cinco días, para liderar después desde las ondas la recuperación de la ciudad.

Ernesto Schweikert en la emisora de KGLA.

“Hicimos de todo, hasta acabamos distribuyendo el tráfico “, explica Schweikert. Los oyentes llamaban desde sus coches explicando qué carreteras estaban atascadas los días antes del huracán. Otros ofrecían rutas alternativas. Recibieron llamadas desde todo el mundo, desde Honduras hasta Tokio. Muchas emisoras de América Latina conectaron con ellos las 24 horas para seguir las labores de evacuación. “Algunos oyentes querían saber dónde estaban sus familiares, si habían salido de la ciudad. Al rato llamaba un vecino diciendo dónde se iban a quedar mientras pasaba el huracán”, cuenta el periodista. Tanto Schweikert como Juan Carlos Ramos, director del periódico El Tiempo, coinciden en que los avisos de evacuación por anteriores huracanes, que nunca terminaron de impactar en Nueva Orleans como habían esperado, mermaron la confianza de los ciudadanos. Muchos decidieron no abandonar sus casas ante la llegada de Katrina. A Schweikert, le convenció el meteorólogo de la cadena local FOX. “Cuando dijo que todo el mundo tenía que salir de la ciudad, supe que si él lo decía yo también tenía que hacer campaña en la radio”. Durante cinco días, ésa fue la única labor de la emisora.

KGLA, en el 1540 del dial de Nueva Orleans, estuvo en el aire hasta las diez de la noche del día 29 de Agosto de 2005. Esa madrugada Katrina tocaría tierra a unos 25 km. de la ciudad. Schweikert tenía planeado quedarse en la emisora hasta que aguantara la antena y trabajando con la ayuda de un compañero. El resto de reporteros habían abandonado ya la ciudad. Esa misma noche Schweikert recibió una llamada desde Guatemala, su madre acabó entrando en antena y pidiéndole que se largara de Nueva Orleans. Huyó de noche, conduciendo con su ayudante. Ya refugiados en un gimnasio en Jackson, Misisipí, vieron cómo Katrina había destrozado el puente por el que abandonaron la ciudad.

“Quedamos inquietos porque mucha gente estaba en Nueva Orleans y necesitaba ayuda. Ni siquiera sabíamos cómo había quedado la emisora”. Con las imágenes de la destrucción en la retina, Schweikert decidió volver. El camino de vuelta les llevó hasta Houston, donde compraron un generador para poner en marcha la emisora. En Nueva Orleans había quedado uno de los ingenieros, que pudo refugiarse en un búnker de la ciudad. Cinco días después del impacto de Katrina y la caída de los muelles que provocó la inundación de la ciudad, KGLA estaba otra vez en las ondas.

“Recuerdo que en cuanto el técnico dijo que estábamos en aire, pusimos el himno nacional e inmediatamente teníamos las 10 líneas de teléfono ocupadas. Al ver todas las luces encendidas supimos que la gente había dejado la radio en el mismo canal, esperándonos”, recuerda Schweikert con emoción. El trabajo de aquellos días le valieron dos premios nacionales de periodismo.

KGLA se convirtió así en centro neurálgico de las informaciones sobre estado de carreteras, refugios, lugares donde conseguir desde agua hasta ayuda psicológica. Algunas llamadas desde el extranjero les pedían que comprobaran si había supervivientes en una dirección concreta. Otros oyentes se acercaban a la emisora a donar gasolina y comida. El goteo de reporteros convirtió las instalaciones en una operación de 24 horas, durante casi tres semanas. Alternaron los micrófonos con el saco de dormir.

La labor de los medios de comunicación en español ante la llegada del huracán llenó el hueco que dejaron las autoridades. “El gran problema con Katrina es que no hubo preparación, nadie sabía qué hacer. Pero aprendimos la lección”, afirma Juan Carlos Ramos, director del periódico El Tiempo. Los medios locales trabajan desde entonces con parroquias y pequeñas organizaciones para crear comités de información. Ante la llegada del huracán Gustav, en 2008, prepararon panfletos de información en varios idiomas y asesoramiento para inmigrantes temerosos de subir en autobuses de evacuación. “Los inmigrantes indocumentados quieren saber a dónde les van a llevar, tienen miedo a marcharse y a quedarse, pero les contamos que las condiciones migratorias no afectan porque es una evacuación humanitaria”, explica Ramos.

Katrina sorprendió al periodista trabajando en el diario La Prensa, que cerró unos meses después del desastre. Allí Ramos recogió en papel historias paralelas a las que Schweikert narraba en la radio. La redacción del periódico se convirtió en centralita telefónica. Los periodistas conectaron a personas que necesitaban ayuda psicológica o comida con las organizaciones que hacían ese trabajo, desde Caridades Cristianas hasta la Cruz Roja. Publicaron notas sobre personas desaparecidas y también aquellos a los que habían encontrado. Si Katrina ha relanzado el espíritu de Nueva Orleans, también ha consolidado la presencia de hispanos en la zona. “Inmediatamente después del huracán, en cuanto abrieron para limpiar, los primeros en aparecer fueron latinos”, recuerda Schweikert. Cuando Gustav arrasó la costa de Texas, allí fueron también. Hoy limpian las playas de crudo por el vertido de BP. Schweikert insiste en la paradoja: la mayor parte de la comunidad latina en Nueva Orleans procede de Honduras. Hasta 100.000 hondureños llegaron en 1998 con un permiso de residencia temporal como víctimas del huracán Mitch. “Ahora ellos ayudan a reconstruir aquí los destrozos de otro huracán”.

Con equipos de apenas un puñado de periodistas, Ramos y Schweikert cogieron el relevo y continúan ahora su labor de servicio ciudadano. Cinco años después la conversación gira ahora en torno a la crisis económica y el vertido en el Golfo de México.

“Al principio el impacto económico no nos afectó tanto porque con la cantidad de petróleo que hay en esta zona, la recesión económica siempre tarda más en notarse. Siempre hay mucho trabajo. Justo cuando salíamos del huracán nos metimos en la crisis económica de todo el país, y justo ahora llegó el vertido”, lamenta Ramos.

La población hispana se duplicó después del huracán y ha convertido Nueva Orleans en un centro de distribución de trabajo. Desde aquí se trasladan a estados cercanos donde surgen oportunidades de empleo. “Con Katrina se dieron cuenta de que se podían establecer aquí”, afirma Schweikert. “A veces se trasladan a Nashville, Birmingham, Atlanta, Austin o San Antonio, pero no dejarán Nueva Orleans”

Fuente: La emisora de radio que sobrevivió a Katrina http://bit.ly/dwELJa (Yimber Gaviria, Colombia)

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