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Introducción
pesar de su aparición tardía en la
historia de la química, la química de los compuestos del carbono es en la
actualidad la rama de las ciencias químicas que crece con mayor rapidez.
La variedad de productos derivados del
carbono puede resultar prácticamente ilimitada debido a las propiedades
singulares de dicho átomo y, por tanto, constituye una fuente potencial de
nuevos materiales con propiedades especiales, de medicamentos y productos
sanitarios, de colorantes, de combustibles, etc. Algunos de estos ejemplos son
considerados a continuación.
La materia viviente es, en parte, materia constituida por
derivados del carbono. Las transformaciones que sufren los seres vivos, y que
observamos a simple vista, se corresponden, desde un punto de vista
submicroscópico o molecular, con cambios o reacciones químicas de las sustancias
biológicas. Azúcares, grasas, proteínas, hormonas, ácidos nucleicos, son algunos
ejemplos de sustancias, todas ellas compuestos del carbono, de cuya síntesis y
degradación en el interior de los organismos vivos se ocupa la bioquímica.
Los medicamentos
El mundo de los medicamentos ha constituido en el pasado y
constituye en la actualidad una parte importante de la investigación y el
desarrollo de productos derivados del carbono. Su importancia en orden a mejorar
la esperanza de vida de los seres humanos y sus condiciones sanitarias hace de
este área del conocimiento científico una herramienta imprescindible para la
medicina.

Los medicamentos, que
en su mayoría son compuestos orgánicos, constituyen una importante
área de la investigación científica. Su desarrollo y aplicación es
una característica que se liga directamente con nuestra actual
calidad de vida.
Pero, ¿por qué los medicamentos son, por lo general, compuestos
orgánicos? ¿Cuál es el origen de este hecho?
Los fármacos actúan en el organismo a nivel molecular y es
precisamente el acoplamiento entre la molécula del fármaco y el receptor
biológico, es decir, el sitio de la célula o del microorganismo sobre el cual
aquél actúa, el último responsable de su acción curativa. Pero para que ese
acoplamiento sea posible ambos agentes, fármaco y receptor, tienen que presentar
una cierta complementariedad tal y como sucede con una cerradura y su
correspondiente llave.
Los receptores biológicos suelen ser moléculas de gran tamaño y
por este motivo son las cadenas carbonadas de los compuestos orgánicos las que
pueden poseer una estructura geométrica que mejor se adapte a la porción clave
del receptor; tal hecho, junto con la presencia de grupos funcionales con
acciones químicas definidas, son responsables de la abundancia de sustancias
orgánicas entre los productos farmacéuticos.
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