Autor Tema: El 'refuerzo positivo', una valiosa herramienta de educación  (Leído 1884 veces)

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El 'refuerzo positivo', una valiosa herramienta de educación
« en: 03 de Septiembre de 2010, 03:48:46 »
¿Cómo se reprende de forma eficaz y sin generar resentimiento ni sentimientos de culpa? A menudo no sabemos cómo aplicar los correctivos. El primer paso consiste en mostrarle su aprobación al niño cuando se porta bien. La palabra clave es equilibrio. 
Si no se les ponen límites, pueden terminar convirtiéndose en pequeños tiranos acostumbrados a salirse siempre con las suyas e imponer sus deseos a los demás. Si se les castiga con demasiada frecuencia o aspereza, pueden acabar ocultando sus faltas, convirtiéndose en ‘maestros de la mentira y el disimulo’ o bien perdiendo la confianza en sus padres.

Reprender a los hijos no es tarea fácil para los padres a quienes a menudo les cuesta saber si se han pasado de severos o se han quedado cortos y su tolerancia se vuelve complacencia. Para acercarse al punto de equilibrio ideal, en el que los correctivos son eficaces y tienen la menor cantidad posible de 'daños colaterales', los expertos recomiendan recurrir a la técnica psicológica del denominado ‘refuerzo positivo’.

Este método de educación consiste básicamente en proporcionarle al pequeño un estímulo grato, el típico ‘premio’ que todos conocemos, para que aumente la frecuencia con que se comportan de manera adecuada, en lugar de centrarse sólo en castigar sus comportamientos negativos.

Introducir reforzadores positivos
Según el Servicio de Orientación Educativa, del Instituto de Tecnologías Educativas (ITE) del Ministerio de Educación español, ‘la conducta es un aprendizaje y se modifica por la aplicación de los reforzadores’. Reforzador es todo aquello que cambia la probabilidad de aparición de una conducta determinada, por ejemplo objetos, hechos o palabras.

Según el ITE, ‘cuando a una respuesta ante un estímulo le sigue una consecuencia agradable aumenta la probabilidad de que esa conducta aparezca de nuevo, debido a la asociación que se produce entre la respuesta y la consecuencia’.

‘Se denomina reforzador positivo cuando se introducen estímulos en la situación de respuesta del niño o la niña para hacer más probable su aparición. Dar una golosina después de obedecer, sonreír por haberse portado bien, dar una distinción por un trabajo bien hecho, son ejemplos de reforzadores positivos’, según este organismo educativo.

Una de las formas sencillas de aplicar el reforzamiento positivo con los niños, para moldear su conducta de forma suave y natural, consiste en hacer algo tan básico y que a menudo los padres olvidan: mostrarles aprobación y orgullo, cuando tiene un comportamiento o actitud correctos. Esto por si sólo es una gran fuente de motivación infantil’, explica psicóloga clínica Dolores Mayo.

También es importante predicar con el ejemplo, según esta experta en terapia regresiva, que señala: ‘si le decimos a nuestro pequeño que en casa no se debe gritar, hemos de ser consecuentes con dicha afirmación, y evitar que nos vea gritando, ya que el ejemplo y sobre todo lo que se hace, tiene mucho más poder que lo que se afirma o las simples palabras, las cuales pierden toda su fuerza cuando las desautorizan los hechos’.

Según Mayo, ‘hay que demostrarle al niño que se le quiere, y nunca decirle que no es querido por haberse portado mal, ya que ello puede dañar su autoestima y crearle inseguridad emocional. Debe saber que haga lo que haga siempre le vamos a querer’.

Castigar, pero no físicamente
‘Ello no significa que no haya que castigarle, pero estos castigos deben ser coherentes y firmes, pero nunca físicos, ya que golpear a un niño provoca que imite ese modelo de violencia, y que además acabe sintiendo humillación y miedo’, señala la experta.

Según Mayo, ‘el castigo debe ser coherente: si un niño no ordena su habitación, hay que privarle de algunas cosas que le gustan, como ver los dibujos animados, hasta que ordene su cuarto, y también de forma inmediata o lo antes posible, para que relacione la reprimenda con lo que está haciendo mal’.

‘En todo caso, antes de castigarle hay que escuchar sus explicaciones y conocer las razones por las que actúa de esa manera, aunque no sean válidas, lo cual también es un ejemplo de la importancia de mantener el diálogo y una buena comunicación’, señala la psicóloga.

Dado que el castigo sólo informa al pequeño qué es lo que no debe hacer, según Dolores Mayo ‘paralelamente hay que reforzar en los niños algunos comportamientos o soluciones alternativas, para enseñarle qué es lo que deben hacer’.

La experta pone dos ejemplos de esta estrategia: ‘cambiar el jarrón de cristal que utiliza en sus juegos por otro de plástico, para evitar que se rompa, o acostumbrarle a guardar cada cosa en su lugar después de jugar. Esto le permitirá encontrarla con rapidez la próxima vez, y ponerse a jugar y disfrutar enseguida, en lugar de perder el tiempo revolviendo toda la habitación para encontrar lo que busca’.

Fuente. www.terra.es
 
 
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