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 De lo que se puede escuchar en la radio.



26 de Julio de 2010, 09:20:41 pm
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Pequeño granito de anís

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De lo que se puede escuchar en la radio.
« en: 26 de Julio de 2010, 09:20:41 pm »
Septiembre de 1939. Es un pequeño pueblo costero al sur de Inglaterra, de esos lugares enigmáticos en donde la gente es armoniosa y son como una gran familia.

Este es un día especial y como todas las semanas, dos hora antes del té, se atavían con sus mejores galas, hombres y mujeres se ponen sus más bellos sombreros y caminan hacia la casa de Ursula, esa ancianita encantadora que es la única que tiene un radio y un sala de estar lo suficientemente grande, como para albergar a todos sus vecinos.

Poco a poco, entran a ese hermoso sitio y se van instalando cada uno en el lugar de siempre, saben cual es a fuerza de costumbre. Los niños corren y las jovencitas con el rubor en sus mejillas toman del brazo a los chicos, que caballerosamente las escoltan hasta tan esperada reunión.

Se ha vuelto un ritual esperado con ansia, los hombres ancianos discuten sobre el tema el resto de la semana y los niños sueñan con la siguiente vez.

Ya puestos alrededor de esa milagrosa caja, el radio, que doña Ursula emocionada y orgullosa, portando unos hermosos guantes, enciende. Las 2 de la tarde marca el reloj.

Entonces la voz aguardentosa que sale de esa caja anuncia a Andrea Morcovich, quien adornará nuevamente el espacio, como cada semana, con las notas magníficas de su violín. Solo música de violín.

Las notas emergen cual granos de polen por el aire y se instalan en el alma de cada asistente, callados, con los ojos cerrados, los ancianos evocan amores pasados, las jovencitas, las miradas de sus amados, los niños maravillados desean ser como aquel que regala generosamente tanto amor por medio de ese instrumento de cuerda.

La música entra por sus oídos y llega a su corazón, estremece sus cuerpos, sus recuerdos, sus deseos, sus esperanzas y el polen queda sembrado en su mente y germinará en fantasías y sueños.

El gran maestro termina y en un exabrupto termina el sueño y en automático aquel lugar encantador y lleno de calidez se llena del clap, clap de los aplausos.

Entonces tienen un nuevo pretexto para tomar el té acompañados, felices y con la alegría y la emoción de saber que sinfonía escucharán la próxima semana.

Pero no saben que esa fue la última que podrán deleitar, al día siguiente estalla la segunda guerra mundial y entonces ya nadie querrá volver a escuchar lo que pasa en la radio, nunca más.
« Última modificación: 01 de Enero de 1970, 01:00:00 am por Guest »
Tu siempre amiga Enamorada del Amor



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