os satélites naturales son cuerpos que giran alrededor de los planetas o estrellas. Al igual que los planetas, carecen de luz propia limitándose a reflejar la luz del Sol. Según las causas que originaron las órbitas planetarias o estelares, se distinguen dos grandes tipos: los que se formaron junto con los planetas, y los que fueron capturados posteriormente por algún campo gravitatorio.
Salvo algunas excepciones de satélites pertenecientes a planetas exteriores, la mayoría de los satélites del Sistema Solar giran en sentido directo de oeste a este, y en la misma dirección que sus planetas. Aquellos satélites que giran en sentido inverso, es decir de este a oeste, y en dirección contraria a la de sus planetas, es probable que fueran capturados por ellos después de la formación del Sistema Solar.
Mercurio y Venus, que son los planetas más próximos al Sol, no tienen ningún satélite. La Tierra tiene uno: la Luna; Marte tiene dos: Fobos (que significa miedo) y Deimos (que significa pánico); Júpiter tiene dieciséis entre ellos Ganímedes y Callisto; Saturno tiene veintiuno, pero se le supone la existencia de otros tres más; uno de ellos, Titán, es de tamaño similar a Callisto; Urano tiene quince, la mayoría de ellos fueron descubiertos por la sonda Voyager; Neptuno tiene 8, los más importantes Nereida y Tritón, éste similar en tamaño a nuestra Luna; Plutón tiene un único satélite llamado Caronte, que fue descubierto en 1978.
La Luna es el único satélite natural de la Tierra.
Ambos están separados por una distancia media de 384.400 km. Su forma es
casi esférica y tiene un diámetro de 3.476 km. (3,6 veces menos que la
Tierra), lo que representa un volumen 49 veces menor al de nuestro planeta.
La masa de la Luna es 81 veces menor que el de la Tierra, y su gravedad
representa un 16% en relación con la que existe en la superficie terrestre.
El diámetro aparente de la Luna observado desde la Tierra es similar al del
Sol, por eso son posibles los eclipses.
La distancia media de
separación entre la Luna y la Tierra es de 384.400 Km.
Debido a las dimensiones comparables de ambos cuerpos,
al contrario de lo que sucede en otros sistemas de planetas con satélites
asociados, el sistema Tierra-Luna puede ser considerado como un planeta
doble. Por ese motivo, se manifiestan importantes influencias mutas, por
ejemplo las mareas (véase en la página siguiente el apartado Mareas).
La superficie de la Luna presenta, incluso sin ser
observada con grandes telescopios, unas zonas bien definidas por su
tonalidad oscura o clara, lo que dio lugar a la creencia de que las más
oscuras estaban cubiertas de agua. De ahí que estas zonas oscuras fueran
denominadas "mares" y las claras "continentes". Los mares son llanuras
escasamente accidentadas, que ocupan alrededor de la mitad de toda la
superficie visible. Por su parte, los continentes son regiones
extremadamente abruptas, con montañas de gran altura, como los montes
Leibniz, que alcanzan los 8.200 metros de altitud.
La superficie lunar
presenta zonas oscuras y otras más claras, que se ha convenido en llamar
mares y continentes
En las regiones continentales existen formaciones
características del relieve lunar: los circos o cráteres, consistentes en
formaciones montañosas circulares cuyas paredes interiores son fuertemente
verticales, en comparación con el exterior, que es de pendiente suave. Estos
circos pueden llegar a profundidades de hasta 5 km. y diámetros superiores a
200 km.; el mayor diámetro registrado es el del volcán Clavius, con 227 km.
Se sabe, gracias a los ingenios espaciales, que sólo la cara visible de la
Luna posee mares, siendo casi inexistentes en la cara oculta.
En la cara oculta de la
Luna, aunque existen mares, éstos son muy escasos
Gracias a las muestras recogidas por las expediciones
humanas a la luna, se sabe que en la composición química de las rocas
lunares hay, según orden descendente de cantidad: óxidos de silicio, hierro,
aluminio, calcio y magnesio. También se encontraron trazas de otros
minerales, como sodio, potasio, manganeso, cobalto y circonio. Las rocas, en
su mayoría (más del 90%), son de tipo basáltico.
La Luna posee atmósfera, pero es muy tenue, alrededor
de mil veces menor que la terrestre, lo que impide retener el calor solar.
Eso, junto con la ausencia de agua, es el motivo de las extremas variaciones
térmicas en la superficie: 120º C en donde le llega los rayos solares, y
-150º C en las zonas oscuras.
La Luna tiene un movimiento de traslación alrededor de
la Tierra, y asociado a ésta otro de traslación alrededor del Sol. El motivo
de que siempre muestre la misma cara, es debido a que tarda lo mismo en dar
una vuelta completa a la Tierra, que en hacer una rotación completa sobre sí
misma, exactamente 27,322 días. A pesar de ello, las vibraciones que sufre
facilitan que pueda ser observada hasta un 59% de la superficie total.
La órbita lunar no es totalmente circular, presenta
una ligera forma elíptica. El ángulo medio con la eclíptica es de 5º y 9'.
Al variar las posiciones relativas de la Tierra, el Sol y la Luna, originan
que ésta presente fases vista desde la Tierra. Así, cuando la luna está
situada entre el Sol y la Tierra, la cara que está orientada hacia nosotros
no recibe luz solar, permaneciendo no visible: esta es la fase de Luna
nueva. A partir de aquí, en los días siguientes, la Luna se va haciendo
visible hasta llegar al cuarto creciente (se observa la mitad del disco),
formando una D en el hemisferio sur y una D invertida en el hemisferio
norte. En los días sucesivos al cuarto creciente la Luna continúa aumentando
su superficie visible, hasta el momento en que la Tierra se sitúa entre la
Luna y el Sol, pudiendo entonces ser observado el disco en su totalidad:
esta es la fase de Luna llena.
Después de la Luna llena, el disco lunar comienza a
disminuir por el lado contrario. En el cuarto menguante la forma de D se
verá en el hemisferio Norte, y de D invertida en el hemisferio sur. Desde
ahí continuará disminuyendo su visibilidad hasta llegar de nuevo a la luna
nueva, comenzando así un nuevo ciclo.