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Los desafíos de la agricultura sostenible
l crecimiento demográfico es un auténtico desafío para la
agricultura sostenible. Ni siquiera la gran revolución y modernización que
se ha dado en la agricultura podrá evitar que se plantee un situación de
crisis, a menos que la producción de alimentos aumente sustancialmente en
los años venideros. En un periodo de tiempo indeterminado la población
mundial alcanzará niveles considerables, poniendo a los habitantes de los
países más pobres ante un futuro sombrío y descorazonador.
Los tres sistemas de agricultura, es
decir, la industrializada, la de la revolución verde
y la desarrollada en tierras complejas y diversas,
presentan desafíos diferentes. La agricultura
industrializada, preferentemente la que se lleva a
cabo en Europa y Norteamérica, se basa en la
aportación externa para conseguir una alta
rentabilidad de las cosechas, esto ha implicado un
crecimiento notable en el consumo de pesticidas y
fertilizantes no orgánicos, piensos para
animales y maquinarias. Esta práctica
comenzó a mediados del siglo XX y alcanza en la
actualidad un nivel preocupante.
La fertilización biológica de las
tierras mediante estiércoles o abonos vegetales, la
rotación de cosechas, el cultivo de especies
fijadoras de nitrógeno en el suelo, los medios
mecánicos y de cultivo para el control de malas
hierbas, plagas o enfermedades, y en general los
procesos naturales típicos de una agricultura
tradicional, han sido reemplazados por plaguicidas y
abonos sintéticos que son introducidos
asiduamente en los suelos.
En
la moderna agricultura ya no se emplea la fuerza de
tracción animal, ni otras fuentes de energía
generadas localmente, éstas han sido reemplazadas
por maquinarias que consumen combustibles fósiles,
que como se sabe es un recurso no renovable. Las
soluciones para la agricultura industrial comienzan
por reducir un poco el rendimiento dada la
superproducción actual, junto con una limitación
sustancial de las aportaciones externas.

En la moderna agricultura ya no se emplea la fuerza de tracción animal, ni
otras fuentes de energía generadas localmente
Por su parte, el desafío de la llamada revolución verde es
mantener el nivel de sobreproducción y el rendimiento, aunque desde una
perspectiva medioambiental adecuada, para perseguir el desarrollo de las
regiones más pobres en que se realiza este tipo de agricultura. Un desafío
similar se manifiesta en las áreas complejas y diversas, aunque dadas sus
características las pretensiones se enfocarían hacia el mayor rendimiento
por hectárea de tierra, en equilibrio con los recursos naturales de esos
lugares.
Sea cual sea el tipo de agricultura implicada, los
éxitos ante los desafíos de un desarrollo sostenible
tiene sus posibilidades en una serie de prácticas
básicas:
Conservar los recursos, suelos, agua, energía, y
reciclar los desechos.
Aprovechar los ciclos naturales biológicos y
químicos, tanto en lo que respecta a la fijación del
nitrógeno de los suelos o los nutrientes, como a los
procesos de desarrollo de plantas e insectos para
evitar las plagas. Esto implica por tanto evitar la
utilización de plaguicidas o insecticidas que pueden
tener efectos en la cadena alimentaria.

Una de las prácticas que contribuyen al éxito del
desarrollo sostenible en la agricultura, es el
aprovechamiento de los ciclos naturales biológicos y
químicos, evitando la utilización de plaguicidas o
insecticidas
Reducir, limitar o siempre que se pueda eliminar las
aportaciones externas a los suelos, que no provengan
de recursos renovables o que sean dañinos para el
medio ambiente o la salud. Una opción es utilizar
los desechos de un componente o los productos
secundarios para aportarlos a otros componentes.
Aprovechar la potencialidad biológica y genética de
las especies animales y
vegetales para conseguir una mayor productividad.
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