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Reservas, parques, refugios y santuarios - 1ª parte

 


 

a decisión de mantener un área reservada de condiciones más o menos vírgenes, usualmente está determinado por su valor científico y estético, pero también para contribuir a que el área protegida haga de la región un todo ecológico.

Por ejemplo, la regulación del rendimiento del agua en todas sus manifestaciones, tales como arroyos y acuíferos; asimismo, como apoyo a aquellas especies salvajes que se ven obligadas a emigrar desde otras zonas modificadas o invadidas por elementos hostiles a su propio hábitat, y que encuentran en estas reservas protegidas un hábitat seguro.

Las áreas más restrictivas


La categoría más restrictiva de uso de las tierras es la de reserva científica, que se conoce también como reserva de naturaleza estricta. Estas áreas se seleccionan en base a sus características ecológicas o biológicas únicas, o también porque son representativas de comunidades biológicas muy extendidas, que en otras partes son transformadas por la necesidad de producir artículos, dedicarlos a usos recreativos u otros propósitos más intensivos. Mantener áreas representativas en condiciones originales (no modificadas) provee normas para que la productividad y continuidad saludable de esas zonas modificadas puedan ser probadas.

Las reservas de naturaleza estricta, y otros tipos de reservas científicas, a menudo ocupan un área relativamente pequeña de tierra. La cantidad de tierra ocupada, de cualquier forma, depende de la magnitud en los requisitos biológicos de la especie a proteger, y de las interacciones del área con la región circundante. Así, en los países de taigas (bosques de coníferas pantanosos) del norte de Europa, Asia y América del Norte, la decisión de mantener un pantano abarcaría la protección de sólo una pequeña área -el pantano y las tierras adyacentes que desaguan en él-.

En cambio, la decisión de proteger el hábitat natural y poblaciones de caribúes migratorios en la misma región, abarcaría un área de varios cientos de kilómetros en longitud, y como mínimo de 100 de anchura -un área regular que puede incluir taiga y tundra-.

Las taigas son bosques de coníferas propios del norte de Europa, Asia y América del Norte. En la foto una taiga finlandesa

La decisión de proteger el hábitat natural de una especie de agua migratoria abarcaría superficies de terreno incluso mayores; además de proteger las crías de aves vinculadas a las tundras, implicaría igualmente sus lugares de descanso y de invierno, las cuales podrían encontrarse incluso en hemisferios diferentes.

Proteger según la realidad ecológica...


Siempre es más fácil proteger plantas, las cuales se encuentran arraigadas, que especies de animales migratorios. Cuanto más capacidad móvil tenga una especie, más difícil es la tarea, porque para muchas especies migratorias se requieren acciones internacionales. Cualquier decisión de proteger un área en condiciones estables, de cualquier forma, debe tener en cuenta la realidad ecológica.

La experiencia de pantanos convertidos en parques nacionales en Estados Unidos, que protegen solamente superficies de agua concentradas de entre grandes extensiones dependientes, es ilustrativo. La historia de estos parques ha abarcado esfuerzos para el control del agua y las tierras utilizadas en áreas fuera del parque, porque su existencia futura dependía del flujo y calidad del agua de esas áreas.

En contraste, reservas naturales de alta montaña, tales como las zonas montañosas de Kinabalu, en la isla de Borneo; de Kenya, en África Oriental; o glaciares del Parque Nacional de Montana, no ofrece tales dificultades.

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