entro del Parque de Ordesa pueden realizarse numerosos
recorridos, bien por las cumbres o por el fondo del valle, con equipos
especiales de montañismo o sin necesidad de ellos.
Ahora bien, si el visitante
dispone de un solo día y tiene que elegir entre las variadas excursiones que
están señalizadas por el Valle, no dudamos en señalar la denominada de la Faja
de Pelay, ya que a través de su recorrido se logra alcanzar una completa visión
panorámica y de altura del conjunto del Parque, así como la mayor variedad de
pisos y asociaciones vegetales.
Esta excursión, de una duración aproximada de medio
día, es conveniente emprenderla a primera hora de la mañana. Partiendo de la
estación de recepción y aparcamiento, cruzamos el río Arazas por el llamado
Puente de Briet, en honor del apasionado explorador de este valle;
atravesamos las praderas de la margen izquierda del río para adentrarnos
primero en el bosque de hayas y seguidamente en el bosque mixto de coníferas
y caducifolias, hasta encontrar la llamada Senda de los Cazadores, estrecho
sendero que asciende casi en vertical, a través de tupidas masas de pino
silvestre, hasta la cornisa ya citada de la Faja de Pelay, a una altitud
próxima a los 2.000 metros, y que será el punto más alto del recorrido.
La dura ascensión hará obligado un descanso para
reponer fuerzas, y nada mejor para ello que el Mirador de Carcilarruego,
imponente proa que se adentra en el valle y desde la cual puede divisarse un
panorama inolvidable. Enfrente, la mole del Mondarrruego y el Tozal del
Mallo; más a la derecha los circos de Carriata y de Cotatuero y, por fin,
imponente, cubierto de nieves y ventisqueros y generalmente entre brumas, el
macizo del Monte Perdido (3.355 m).
Tozal del Mallo
A partir del mirador, emprendemos el camino casi
horizontal de la Faja entre pinos negros y rododendros, salvando
impresionantes cortados, para ir descendiendo lentamente hasta la famosa
cascada Cola de Caballo, al pie ya del Monte Perdido. Por allí cruzaremos el
río y emprenderemos el camino de regreso por la orilla derecha, entre
pedrizas y altas praderas, hasta encontrar las Gradas de Soaso, gargantas
escalonadas por donde el río se asoma al estrecho valle. El camino se
adentra después en el bosque de pinos, atraviesa un magnífico hayedo y
llega, finalmente, entre una sucesión de bellas cascadas, al punto de
partida.