n las islas Canarias se mezclan muy diversos elementos
florales; se estima en 1.500 el número total de especies vasculares que pueblan
el archipiélago. De ellas, se ha convenido que una cuarta parte son especies
cosmopolitas o de área muy amplia, cuya presencia poco significa desde el punto
de vista biogeográfico. Un 40% son especies de las llamadas mediterráneas.
Finalmente, nos resta más de un 30% de endemismos, es decir, especies exclusivas
de un determinado país o región, y que no crecen por si solas fuera de esos
territorios, y por tanto en el caso que nos ocupa son endémicas de las islas
Canarias.
Los endemismos son, con mucho, lo más relevante de la
flora canaria, no sólo por el interés de su singularidad, que es alta, sino porque
además constituyen una legión. Hay algunos que constituyen genuinas reliquias de
tiempos pretéritos. Por ejemplo, los laureles canarios, el famosísimo drago y
muchos helechos, que hoy ven su área de distribución circunscrita al
archipiélago canario (o coexisten, todo lo más, en Madeira-Azores y/o Cabo
Verde); se encuentran como fósiles, de los períodos Mioceno y Plioceno, en
diversos lugares continentales como Francia, Italia o Rusia. Del estudio de las
floras fósiles se deduce que la flora circunmediterránea de aquellas épocas era
muy similar a la existente hoy en Canarias.
Otros endemismos canarios están estrechamente emparentados
con diversos taxones cuya distribución actual es lejana, como puede ser África
del sur o el sub-continente sudamericano.
No es fácil explicar por qué sobrevivieron en Canarias
especies que se extinguieron en otras zonas. Se ha sugerido que las islas se
beneficiaron de la inexistencia de los dos fenómenos que más contribuyeron a la
desaparición de la antigua flora terciaria en la región mediterránea: las
glaciaciones que, viniendo del casquete polar, invadieron toda Europa, y la
desertización del norte de África. Por otra parte, la gran altitud de las islas
les serviría para que su flora, pudiendo ascender o descender según el clima, se
acomodase a las condiciones cambiantes que sucederían durante los períodos
glaciares.
La existencia de estos "fósiles vivientes" en las islas,
unida a la presencia de un 40% largo de elementos mediterráneos en su flora,
hace pensar que las islas Canarias debieron estar unidas al continente en época
pretérita, y así lo estiman la mayoría de autores que se han dedicado a su
estudio.
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Algunos ejemplos de plantas notables
Hay tantas plantas a las que podríamos darle el
calificativo de notables, que resulta realmente difícil escoger sólo algunas
como ejemplo. No obstante, no podemos pasar sin referirnos al legendario drago
de Canarias (Dracaena draco). Puede llegar a ser enorme; se cuenta que un
ejemplar famoso de la Orotava (en Tenerife) tenía más de 6.000 años.
Proporcionaba la famosa sangre de dragón, una especie de goma roja muy apreciada
en la antigüedad. Hoy es posible admirar un magnífico ejemplar milenario en Icod
de los Vinos.
Ejemplar de drago
milenario (Dracaena
draco) situado en la localidad de Icod de los Vinos (Tenerife) Foto: Wikimedia Commons
El cardón (Euphorbia canariensis), es un arbusto
alto y suculento con aspecto de cacto; posee un látex cáustico que se concentra
en la corteza. Se cuenta que en épocas de sequía los nativos de Tenerife
utilizaban el interior del cardón para obtener agua (véase más adelante la imagen
de unos cardones en la localidad de Güimar - Tenerife).
Entre los endemismos notables también tenemos que citar el
bicácaro (Canarina canariensis), uno de los más bellos habitantes
de la laurisilva canaria; y la tacarontilla (Dracunculus canariensis),
habitante de la zona inferior y media en casi todas las islas occidentales.