l archipiélago canario tiene una situación atlántico-africana
y se divide de modo natural en dos grupos de islas: uno, formado por Lanzarote y
Fuerteventura, próximo a las costas africanas y con fuertes características de
desierto. Otro, que incluye el resto de las islas, de tipo más acusadamente
atlántico.
Algunas personas sostienen que estas islas son el único
resto emergido que queda hoy en día del desaparecido continente de la Atlántida.
Se trata sin embargo de una hipótesis con escaso fundamento, pero que goza del
atractivo de las leyendas.
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Origen de las islas
Las islas Canarias están formadas casi exclusivamente por
la acumulación de materiales de origen volcánico; como zócalo se encuentran
rocas eruptivas granitoides que sólo afloran a la superficie en contados puntos
como, por ejemplo, en la gran caldera de Taburiente, en la isla de La Palma. Los
volcanes modernos se han abierto paso a través de las potentes masas basálticas
y hoy cubren buena parte de la superficie con escorias, cenizas y coladas.
Ejemplo de ello es el Teneguía, en la citada isla de La Palma, un moderno volcán
que tuvo su última erupción en 1971.
Volcán Teneguía, en la
isla de la Palma, el último que entró en erupción en España, en 1971 Foto: Wikimedia Commons
En diferentes costas isleñas, se puede apreciar la
existencia de varias terrazas marinas, las cuales nos indican que en época
reciente las islas han experimentado un lento movimiento ascensional.
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El clima
Por su altitud y situación plenamente atlántica, las islas
Canarias gozan de un clima benigno y desprovisto de contrastes acusados entre el
verano y el invierno. Debido a las grandes diferencias de altitud y a lo
complicado de la topografía, se genera gran variedad de climas locales. Desde el
nivel del mar hasta los 1.000 m. no se conoce la helada, por encima de los 2.000
m. cae nieve en el invierno y el contraste noche/día de temperatura es muy
acusado.
En invierno a partir de
los 2.000 m. cae nieve, y el contraste de temperatura día/noche es muy
acusado. Imagen nevada del Teide (Tenerife). Foto: Wikimedia Commons
La pluviosidad es escasa en todas las islas, pero acusadamente baja en
las orientales, donde puede pasar algún año entero sin llover. No obstante, esta sequía se ve, al menos en parte,
compensada por los intensos rocíos y por la condensación directa en el terreno
que producen los vientos alisios en su fluir casi continuo, al chocar con las
montañas.
Un ejemplo de aprovechamiento de la humedad ambiental en
zonas de escasa precipitación, es el que se manifiesta en Las Gerias, en
Lanzarote, consistentes en unos hoyos que albergan las parras convenientemente
dispuestas y protegidas para aprovechar el rocío, y donde se ha conseguido
producir vinos de excelente calidad con un método que resulta todo un arte.
Las Gerias, en Lanzarote,
son unos hoyos dispuestos para aprovechar la humedad en una zona de
mínima precipitación, donde la producción de excelentes vinos se ha
convertido en un arte. Foto: Wikimedia Commons