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Acuerdos internacionales - 1ª parte

 


 

l uso de los recursos vivos requiere un alto grado de cooperación internacional, e interés por las partes en adoptar acuerdos para el establecimiento de las formas de control. Esto es particularmente importante en lo que se refiere a los animales acuáticos que ocupan aguas internacionales, pero no son menos importantes los animales migratorios que se mueven de un país a otro. Además, los animales y plantas que son objeto de comercio internacional, también se protegen mediante acuerdos internacionales.

Las dificultades para adoptar acuerdos internacionales


A pesar del reconocimiento general de que existen problemas que trascienden las fronteras, pocas naciones han mostrado verdadero interés en ceder parte de sus derechos de soberanía o autoridad a corporaciones internacionales. Leyes y regulaciones internacionales quedan en su mayor parte en simples declaraciones de buenas intenciones, pues un país puede, y con frecuencia lo hace, ignorar las reglas cuando le es económicamente ventajoso. Sólo la opinión pública internacional o, más raramente, la amenaza de la fuerza por una nación o grupo de naciones, sirve de método disuasorio a un país para que detenga las actividades que ponen en peligro un recurso.

A pesar del estado caótico general de las leyes internacionales medioambientales, y de uso y control de los recursos, hay algunos excelentes acuerdos internacionales sobre esta materia. Tales acuerdos, que operan principalmente en el campo de la conservación, son un ejemplo de como las naciones pueden colaborar y aprender a trabajar juntas más eficazmente para beneficio mutuo.

El admirable ejemplo del Tratado Antártico


El Continente Antártico es el más claro y admirable ejemplo de estrecha colaboración entre países. El Antártico permaneció desconocido e inexplorado durante los periodos en que el mundo sufría convulsiones, litigios territoriales y colonizaciones. Inhabitado y, hasta hace poco tiempo, de escaso o ningún valor para cualquier país, la Antártida no llegó a ser nunca un área de disputa internacional (salvo excepciones muy concretas y sin trascendencia).

No fue hasta la mitad del siglo XX, con la firma del Tratado Antártico, en que se reconoció la importancia de la Antártida para la investigación científica

Aunque algunos segmentos del continente e islas del subantártico han sido reivindicadas por varias naciones, como Chile, Argentina, Gran Bretaña, Australia o Nueva Zelanda, no se ha probado nunca la validez de esas demandas.

No fue hasta la mitad del siglo XX en que se reconoció la importancia del Antártico para la investigación científica. En consecuencia, las naciones con interés en ese continente firmaron el Tratado Antártico en 1961. Se puede considerar el Antártico como la reserva de naturaleza estricta más grande del mundo. El Tratado proveyó que la investigación científica fuera compartida en todos sus resultados, por todas las naciones signatarias. También prohibió la explotación por cualquier país de los recursos vivos Antárticos, así como todo tipo de actividad que pudiera causar deterioro a esos recursos.

El tratado ha sido respetado, la investigación científica ha ido adelante y, dentro de los límites territoriales del propio tratado, las plantas y animales salvajes quedaron protegidas; todo ello mediante lo que puede considerarse un auténtico hito, y la consecuencia más beneficiosa en política y derecho internacional que se haya dado jamás.

Desgraciadamente, el Tratado Antártico no incluyó lo océanos que limitan el continente. Es conocido el valor que los recursos animales de estas aguas tenían en el siglo XVIII, y la explotación desmedida que de ellos se realizaron desde el siglo XIX. Particular importancia tenían las grandes manadas de ballenas, que se congregaban en los mares antárticos para alimentarse del plancton, y que abundaba en aquellas aguas ricas en nutrientes.

El krill, un crustáceo de gran importancia en la cadena trófica antártica, quedó protegido en 1982 mediante una zona a lo lago de todo el océano continental

 Un componente de ese plancton es el Krill, un crustáceo parecido al camarón, importantísimo en la cadena trófica. Las naciones del Tratado Antártico establecieron una zona alrededor de todo el océano continental en 1982, en un esfuerzo por proteger el Krill y otros organismos marinos.

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