demás de los árboles sagrados, son dignas de mención algunas hierbas relacionadas con los sacrificios; tales son las plantas mágicas. Sus propiedades extraordinarias se atribuían a la presencia de una divinidad por el espíritu religioso, mientras que el espíritu supersticioso las atribuía a efectos mágicos; así, pues, el espíritu religioso produjo la creencia en las hierbas y árboles sagrados, el espíritu supersticioso la creencia en las plantas mágicas.
Entre las hierbas mágicas ocupan preferente lugar la Kuça, especie de verbena, a menudo citada en los rituales védicos como preservativo contra infinidad de males físicos y garantía de prosperidad y bienandanza. La menta o hierbabuena, de la cual dice el geógrafo e historiador griego Estrabón que el número de sus virtudes es infinito.
La verbena, a la cual los antiguos daban los nombres de lágrimas de Isis, lágrímas de Juno, sangre de Mercurio, etc., y que creían hacía invulnerable al que la poseía; la ruda, hierba preferida de las mujeres, las cuales le atribuyen toda suerte de virtudes mágicas, y de ella se dice que Mitriades la empleaba como preservativo contra el veneno.
La Ruda era muy apreciada por las mujeres, a la que atribuían virtudes mágicas
La Mandrágora era una planta erótica por excelencia, muy utilizada por las brujas y hechiceras para sus maleficios
La mandrágora, planta mágica y erótica por excelencia, fue en la antigüedad objeto de superstición, en parte por la representación humana de su raíz, era usada como afrodisíaco y filtro de fecundidad, las brujas y hechiceras hacían uso de ella, sobre todo para los maleficios, con los ungüentos que preparaban a base de esta planta experimentaban alucinaciones y estados de euforia, que les permitían "volar" con la imaginación mientras el cuerpo permanecía en un sopor.
El loto, del cual decían los egipcios que ocultaba los secretos de los dioses y del que se valió Ulises para hacer que sus compañeros se olvidasen de su patria; en la mitología griega los comedores de lotos olvidaban a sus amigos y hogares y perdían el deseo de regresar a la tierra natal. Y el helecho, al cual se atribuye, entre otras, la virtud de resistir a todos los encantamientos mágicos.
Funerarias
Las plantas funerarias son propiamente aquellas a las que se ha atribuido un poder funesto a causa de su color oscuro y otras circunstancias, las cuales parecen avisar la muerte, así lo afirma J.B. Porta en su Phytognomonica (Nápoles, 1588); sin embargo, lo más común es dar este calificativo a las plantas que adornan los lugares de reposo y descanso, o sea los cementerios; entre las cuales hay algunas tóxicas, como la adelfa; pero gran parte de las plantas funerarias son sencillamente un símbolo de eternidad o vida eterna, a la que han pasado los seres cobijados debajo de su sombra.
Entre las plantas o árboles con una importante significación funeraria ocupa un lugar preferente el ciprés, símbolo a la vez de la generación, de la muerte y del alma inmortal.
"El ciprés -dice De Gubernatis- es honrado especialmente por su significación funeraria, en su calidad de árbol inmortal, siempre verde (Cypressus sempervivens) y cuya madera, como la del cedro, es incorruptible, el árbol de la muerte simboliza al propio tiempo la inmortalidad".
El ciprés es honrado especialmente por el simbolismo de inmortalidad, representado por su majestuosidad siempre verde
El ciprés, irguiéndose al lado de las tumbas y a la puerta de las casas patricias que guardaban luto, no sólo significaba el dolor de los sobrevivientes y la tristeza de la muerte, sino más bien la esperanza en una resurrección.