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HISTORIA

El culto a las plantas - 5ª parte

 


 

Los pueblos y especies objeto de culto


 

n Egipto se veneraban la cebolla, las legumbres y el loto; los dayakos, de Borneo, invocan el alma del arroz (samaugat padi) y le suplican que no abandone la planta para no quedar condenados a un hambre segura; los tonganos veneran las patatas y hacen ofrendas a la diosa agrícola Alo-Alo, y los tahitianos hacen lo propio con el genio Ofanu, protector del taro y del árbol del pan.

Los Dayakos, de Borneo, invocan el alma del arroz para que no abandone la planta y les condene a la hambruna

En Nicaragua, Nuevo Méjico y Perú sus primitivos habitantes rendían culto al maíz y a las habichuelas, y una de las grandes fiestas celebradas antiguamente en el Perú era la de Aymori, consagrada a la recolección de los cereales: en ella el maíz era el verdadero héroe; los sacerdotes llevaban en tributo cestas llenas de mazorcas, y los dioses a quienes se ofrecía se consideraban los inventores y protectores de la agricultura. Los karens de Birmania rinden también culto al arroz, a tal extremo, que el alma de esta planta es para ellos una verdadera divinidad por nombre Yau, que se representa sentada sobre una cepa o tronco de árbol en la linde del campo.

En todos los documentos que dicen relación con el culto de las especies vegetales se nota cierta indecisión entre el culto directo, el animismo y la personificación mítica, siendo mucho de notar que éste último prevalece en la mayor parte de los casos; lo más común es que se rinda a las divinidades representativas de las plantas el homenaje que en un principio se había tributado a las plantas mismas. Estas divinidades son o bien inventoras de la agricultura o dioses especiales de las estaciones, de la lluvia, de la tempestad, del cielo y de la madre tierra.

Entre los iroqueses, el trueno (Heno) fue elegido patrono de la simiente y de la cosecha, y los indios le llaman su abuelo. Tupan, otro dios del trueno, fue el que enseñó el uso del azadón a los brasileños. Tamoi, ascendiente celeste, enseñó el laboreo del campo a los guaraníes. Los mexicanos hacen fiestas a Centeot, dios encargado de fomentar el crecimiento y la conservación de los cereales. Finalmente, para los peruanos, los inventores de la agricultura fueron Manco Capac y Mama Oello, el primer hombre y la primera mujer.

Las divinidades agrícolas de Roma


En Roma existían un buen número de grandes divinidades agrícolas, como Semo, Sancus, Saturno, Consus, Consivius, Maia, Tellumo, Tellus, o Ceres y Proserpina (madre e hija respectivamente); eran las equivalente en Roma a las diosas griegas Démeter y Perséfone; según las creencias griegas, cuando Ceres se reunía jubilosa con su hija en la primavera hacía que la tierra produjera abundantes frutos; esta creencia fue asumida en Roma en el siglo V a.C., tornándose muy popular entre los plebeyos (la palabra cereal deriva de su nombre).

Proserpina, hija de Ceres. En la mitología romana, cuando se reunían en la primavera, hacían que la tierra produjera abundantes frutos

Pero había también en Roma una serie numerosísima de pequeñas divinidades de ambos sexos, los dioses del trigo, cada uno de ellos protector de una parte de esta planta: Seia cuidaba de la semilla, Segetia o Segesta del sembrado, Lactucia de la espiga en su tránsito al estado lechoso; Matura fomentaba la madurez, Nodoto extendía los nudos del tallo, Volusina y Patelena arrollaban y desarrollaban la vaina de la espiga, Hostilina cuidaba de igualar la cabeza de la misma, Runcina quitaba las malas hierbas, Messia segaba, Tutilina y Terensis trillaban.

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