Parias del desierto

Un poema para la reflexión
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Maima está de pie sobre la arena ardiente,
mientras los gritos se suceden entre el humo,
las jaimas se evaporan como antorchas encendidas,
Maima, con sus cinco años, no lo entiende.
En el aire suenan estruendosos los rotores
de las naves que dirigen la mancilla,
sólo manos contra los fuegos invasores,
manos sometidas, humilladas, consumidas.
Ya no sirven las palabras complacientes,
ni los gritos a los cielos estrellados,
ningún dios ha escuchado sus plegarias,
destinados a morir entre dunas olvidados.
Ya los parias del desierto derrotados,
caminan hacia el ocaso cabizbajos,
los poderosos terrenales han hablado,
con mis armas esto hago y esto digo,
y el que tenga voz será callado.
Los cobardes del silencio no responden,
sus gargantas en buenas intenciones se ahogaron,
las miserias de los hombres campan anchas,
gobernadas por ejércitos de inhumanos.
Maima sueña con un jardín en el desierto,
una leyenda que su mamá le ha contado,
se imagina una fuente entre palmeras,
que mana agua fresca y trasparente,
más no imagina en su joven mente,
que su vida será quimera sideral,
pronto se agrietarán sus tiernas manos,
lás lágrimas de sus ojos serán las fuentes,
que las infértiles tierras regarán
del cruel desierto Occidental.
Maima es la heredera del ostracismo,
en una tierra castigada a sangre y fuego,
sea por el ardiente Sol de mediodía,
o por inhumanos que ya trazaron su destino.

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Dedico este poema a los parias del desierto del Sahara Occidental, masacrados en silencio y sin testigos en pleno siglo XXI

Abel Domínguez.

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