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Siria: la asistencia médica, utilizada como medio de represión

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 6:44 pm

Fuente: Médicos sin fronteras

8 Febrero 2012

Según testimonios recogidos por Médicos Sin Fronteras (MSF), en Siria se está llevando a cabo una implacable campaña de represión contra los heridos en las manifestaciones y el personal médico que intenta atenderles. La organización pide que se restablezca la neutralidad de las estructuras de salud.

Aunque MSF no ha conseguido trabajar directamente en Siria, los numerosos testimonios recogidos por la organización de heridos sirios atendidos fuera del país y de médicos sirios señalan la existencia de una campaña sistemática para impedir la prestación de asistencia médica a las personas heridas durante los disturbios q

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Sahel: imágenes de una crisis anunciada

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 6:12 pm

Fuente: http://www.oxfam.org/es

Estas fotografías sacadas en Burkina Faso, Mauritania y Chad, muestran cómo la crisis alimentaria ya está afectando la región del Sahel. Pero los peores impactos de la crisis aún pueden evitarse si se capacita a las personas más vulnerables para que puedan hacer frente a esta situación.

En la región del Sahel, en África Occidental, la última temporada de lluvias no ha sido lo suficientemente larga e intensa para satisfacer las necesidades de los agricultores y pastores. Además de la sequía, las plagas han mermado aún más la producción de alimentos en algunas regiones.

Estas fotografías, sacadas a finales de 2011 en Burkina Faso, Mauritania y Chad, muestra el alcande de la crisis alimentaria que estas personas ya están sufriendo. El objetivo ahora es invertir en la capacidad de las poblaciones vulnerables para hacer frente a los peores impactos de la crisis, que aún se pueden evitar.

Oxfam Internacional pretender llegar a 700.000 personas en Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger proporcionando ayuda humanitaria.

Para saber más sobre la situación en la región del Sahel y cómo Oxfam está respondiendo, consulta la página especial dedicada a la crisis alimentaria en el Sahel

Imágenes: Irina Fuhrmann/Oxfam

Photo Journal

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“Nos estamos preparando para responder en caso de una afluencia importante de refugiados sirios”

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 5:09 pm

Fuente: Médicos sin fronteras

8 Febrero 2012

MSF trabaja en dos grandes campos de refugiados en Líbano, asistiendo a refugiados palestinos y a libaneses vulnerables en la zona. La organización ha abierto un nuevo proyecto en el norte, tras la llegada de 4.500 sirios que huían de la violencia en su país. Bruno Jochum, director general de MSF en Ginebra, acaba de visitar la zona.

Campo de Burj el-Baranej, Líbano. Diciembre 2010. © Dina Debbas

¿Cuál ha sido la razón de tu visita a Líbano?

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Se llevaron a mi única hija

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 4:38 pm

Fuente: Médicos sin fronteras

8 Febrero 2012

Nuestra aldea fue una de las primeras en ser atacadas. Tres mujeres, incluida yo, escapamos corriendo con nuestro hijos: mi única hija, de 3 años, y dos de sus hijos, de 10 y 11 años. Sólo conseguimos llevarnos con nosotras agua para los niños, pero ni comida, ni ropa, nada.

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Israel :Debe cancelarse el plan para desplazar forzosamente a las comunidades beduinas de los Yahalin

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 3:06 pm

Fuente: http://www.amnesty.org/es


Familas junto a sus tiendas después de que sus casas fueran demolidas por el ejército israelí, Al-Mihtwish, 3 noviembre 2011 © Amnesty International

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, debe cancelar los planes militares para desplazar forzosamente a unos 2.300 residentes beduinos de Cisjordania a una zona junto al vertedero municipal de Jerusalén. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional, en un nuevo informe hecho público hoy.

En el informe, titulado Stop the Transfer: Israel about to expel Bedouin from homes to expand settlements, la organización pide al ejército israelí que ordene el cese inmediato de todas las demoliciones en las 20 comunidades afectadas por el plan.

Amnistía Internacional ha manifestado que las promesas verbales realizadas por las autoridades militares de Israel en las últimas semanas respecto a no ejecutar las órdenes pendientes de demolición en Khan al Ahmar, una de las comunidades beduinas designadas para ser desplazadas en el distrito de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada, no son suficientes.

“Miles de beduinos que viven en algunas de las comunidades más vulnerables de Cisjordania se enfrentan a la destrucción de sus hogares y de sus medios de subsistencia a causa de este plan militar israelí. Muchos son refugiados reconocidos, y algunos se han visto obligados a desplazarse en múltiples ocasiones desde 1948”, ha manifestado Ann Harrison, directora adjunta provisional del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

“Las autoridades israelíes deben garantizar el derecho a una vivienda adecuada a los residentes de las 20 comunidades, al igual que a la población palestina de toda la Cisjordania ocupada. Esto significa que deben protegerlos de los desalojos forzosos y deben mantener consultas auténticas con todas las comunidades.”

En julio de 2011, las autoridades de la Administración Civil de Israel hablaron por primera vez a los organismos de la ONU de un plan para desalojar a unos 2.300 residentes de 20 comunidades beduinas en el distrito de Jerusalén y trasladarlos a un lugar situado a unos 300 metros del vertedero municipal de Jerusalén.

Las 20 comunidades están actualmente ubicadas cerca de asentamientos ilegales en el bloque de asentamientos de Ma’ale Adumim, muchos de ellos en zonas designadas para la expansión de los asentamientos.

El ejército israelí considera que la mayoría de las estructuras de estas comunidades –situadas en el Área C de la Cisjordania ocupada, en la que Israel mantiene la autoridad respecto a la planificación y la delimitación– están construidas ilegalmente, sin los permisos necesarios. Sin embargo, para las comunidades palestinas resulta prácticamente imposible obtener permisos de construcción en el Área C. Se han dictado órdenes de demolición para la mayoría de las estructuras de estas comunidades, incluidas casas, cocinas, retretes exteriores, cobertizos para animales y dos escuelas primarias.

Las autoridades militares israelíes no han consultado a los representantes de las comunidades beduinas sobre el plan de desplazamiento. Los representantes de las comunidades han dicho a Amnistía Internacional que rechazan el plan porque, si los trasladan a una zona restringida cerca del vertedero, les será imposible mantener su forma de vida tradicional.

Israel ya trasladó forzosamente a familias beduinas a esa misma zona a finales de la década de 1990, y situó casas a tan sólo 150 metros del vertedero. Los beduinos que viven allí han dicho a Amnistía Internacional que el lugar no era adecuado para su forma de vida, que tuvieron que vender su ganado porque no había zonas de pasto, y que sufrían elevados índices de desempleo. Algunos han regresado a las zonas de las que los desplazaron.

Según el Ministerio de Protección Medioambiental israelí, el vertedero recibe hasta 1.100 toneladas de basura al día, la mayoría procedente de Jerusalén. El Ministerio ha informado de que el vertedero provoca contaminación del aire, del suelo y posiblemente del agua, no está debidamente vallado y entraña “peligro de explosión e incendios” a causa del gas metano no tratado producido por la descomposición de la basura.

Aunque está previsto que este año deje de utilizarse el vertedero, no se ha acordado ningún plan de rehabilitación, lo que significa que el riesgo medioambiental seguirá existiendo, probablemente, durante años.

Las autoridades israelíes han subrayado que, dentro del plan de desplazamiento, está previsto conectar a las comunidades beduinas reasentadas a las redes de agua y electricidad. No han explicado por qué pueden proporcionar esos servicios a asentamientos ilegales y asentamientos no reconocidos de Cisjordania, pero no a las comunidades beduinas que llevan mucho tiempo allí instaladas.

Las 20 comunidades beduinas han creado un “comité de protección” para coordinar su respuesta al plan de desplazamiento. La preferencia expresa del comité sería regresar, de acuerdo con su derecho internacionalmente reconocido de retorno, a sus tierras en el desierto del Negev, en Israel, de donde fueron desplazadas por las autoridades israelíes en la década de 1950.

Las comunidades han manifestado que su segunda opción sería que las autoridades israelíes reconozcan su derecho a permanecer en sus hogares actuales, las conecten a las redes de agua, de electricidad y viarias, y levanten las restricciones arbitrarias a su libertad de circulación. A causa de estas restricciones, muchos beduinos deben comprar forraje para alimentar a sus ovejas y cabras, que antes podían pastar, y se ven obligados a vender su ganado.

Como última opción, los beduinos estarían dispuestos a negociar la posibilidad de reasentarse de nuevo, si la Administración Civil los trata como parte negociadora en condiciones de igualdad.

El general Eitan Dangot, coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios, visitó la comunidad de Khan al Ahmar la semana pasada y, según los informes, prometió a los residentes que sus casas y su escuela comunitaria no se demolerían, y que no serían trasladados al emplazamiento junto al vertedero. Les dijo que la comunidad sería trasladada a un lugar diferente en la Cisjordania ocupada.

Sin embargo, Amnistía Internacional ha afirmado que eso no basta.

“Las autoridades militares israelíes están disfrazando sus planes al presentarlos como una manera de proporcionar a los beduinos servicios básicos como agua y electricidad, pero lo cierto es que ese reasentamiento forzoso de los beduinos sólo servirá para perpetuar años de desposeimiento y discriminación, y constituiría un crimen de guerra”, ha manifestado Ann Harrison.

“Las promesas informales no bastan para estas comunidades. El ministro de Defensa israelí debe cancelar formalmente esta política.”

Información complementaria

La construcción en asentamientos ilegales israelíes aumentó en un 20 por ciento en 2011, según Peace Now, grupo de vigilancia de la situación en Israel, y las autoridades israelíes reconocieron 11 nuevos asentamientos, que albergan a unos 2.300 colonos, legalizando asentamientos construidos sin autorización gubernamental.

Las demoliciones israelíes de hogares palestinos en la Cisjordania ocupada desalojaron forzosamente a casi 1.100 personas en 2011, lo que supone un aumento del 80 por ciento respecto a 2010, es decir, superior al de cualquier otro año desde que la ONU empezó a mantener registros detallados en 2005. El 99 por ciento de las demoliciones tuvieron lugar en comunidades agrícolas y ganaderas vulnerables del Área C, e incluyeron demoliciones en varias comunidades beduinas de los Yahalin.

El gobierno de Netanyahu también está tratando de implementar el plan E1 para ampliar los asentamientos entre Jerusalén y Ma’ale Adumim. Más de la mitad de las comunidades beduinas designadas para desplazamiento viven en la zona designada por este plan que, de ponerse en práctica, dividiría de hecho las zonas norte y sur de Cisjordania. 



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Turkana de noche: Sueños del pasado y del futuro en Kenya

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 12:55 pm

Fuente: http://www.oxfam.org/es

Alejandro Chaskielberg viajó con Oxfam a Turkana, Kenia, para fotografiar escenas de la vida diaria a la luz de la luna. Así conoció a Peter Abwell, un pastor que se convirtió en pescador antes de abrir su propio negocio.

Alejandro Chaskielberg viajó con Oxfam a Turkana, Kenia, para fotografiar escenas de la vida diaria a la luz de la luna. Así conoció a Peter Abwell, un pastor que se convirtió en pescador antes de abrir su propio negocio.

Cuando llegamos, la tienda de Peter rebosa actividad. Es claramente uno de los lugares principales del pueblo y de la comunidad. Un grupo de hombres charla animadamente a la entrada mientras Peter habla de negocios con un pescador local en el interior de la tienda.

El equipo y yo nos presentamos y Peter no tarda en decirnos lo contento que está de tener visita de nuevo. “Ahora soy famoso en el pueblo”, ríe. “¿No sabéis que Scarlett Johansson estuvo aquí hace unas semanas?”.

Peter nos enseña su tienda. Las estanterías contienen de todo, desde harina de maíz a bolígrafos. Y colgando, en el centro de la pared, hay dos fotografías: una de Peter, con mirada severa y orgullosa, y otra del presidente de Kenia. Justo al lado está su tienda de pescado y, fuera, el secador solar instalado por Oxfam.

Conforme va oscureciendo nos preparamos para fotografiar a Peter. Debe haber al menos 50 personas observando en silencio, riendo por lo bajo y señalando a Peter con el dedo. Él, de pie, totalmente quieto, sostiene un pescado. Parecería estar congelado sino fuese porque, cada vez que tomamos una fotografía, nos sonríe en la oscuridad.

“Las personas de este pueblo me consideran un modelo a seguir. Fue a mí a quien se le ocurrió la idea de abrir aquí un comercio. Antes, no había ninguna tienda en el pueblo y, ahora, si miras alrededor puedes ver varias. Doce de las tiendas han abierto gracias a que les enseñado cómo hacerlo. Las personas me piden consejo continuamente y yo les ayudo. Soy un pionero y estoy orgulloso de haber ayudado a este pueblo a crecer. Soy feliz de saber que todo esto ha surgido de mi idea de tener un negocio propio”.

De pastor a pescador

“Nací en una familia pobre y crecí sin ir a la escuela. Todo lo que he aprendido lo he aprendido de otros. Mi familia eran pastores, y no siempre fueron pobres. Mis abuelos empezaron a tener dificultades cuando yo era joven. Muchos animales murieron y las personas comenzaron a empobrecerse. Empezaron a surgir conflictos entre los pastores y se convirtió en una forma de vida muy peligrosa. La forma de vida tradicional de los pastores ha ido desapareciendo poco a poco debido a las constantes sequías en la zona. Las personas se han visto obligadas a adaptarse”.

Pescadores en el lago Turkana. Foto: Alejandro Chaskielberg

“Empecé a soñar con tener mi propio negocio cuando era joven. Quería aprender un nuevo oficio y trasladarme al lago. Muchos pastores vinieron de las montañas y se instalaron aquí, cerca del lago Turkana. Al principio este era un pueblo pequeño pero, con el tiempo, creció y creció. Cuando llegué no tenía nada y no sabía pescar. Tuve que aprender de otros pescadores. Iba al lago y trabajaba en las barcas de otros pescadores. Me llevaban al lago y me enseñaban a pescar y a usar las redes. Finalmente conseguí ahorrar suficiente dinero para comprar mi propia barca y mis propias redes”.

“Normalmente los pescadores esperaban a conseguir tres cestos de pescado y luego los llevaban la pueblo. Recuerdo haber hecho esto nueve veces y ya casi tenía ahorrado dinero suficiente para abrir mi propio negocio y dejar de pescar. La décima vez que fui al pueblo estaba muy contento sabiendo que todo mi dinero me esperaba ahí. Dinero suficiente para abrir mi negocio. No podía parar de reír”.

Pero mi felicidad no duró mucho. De camino a casa unos ladrones me robaron todo mi dinero. Es la única vez que recuerdo haber reído y llorado tanto en un solo día. Lloré porque sabía que tendría que seguir pescando en el lago para volver a ahorrar dinero suficiente. Pero lo conseguí y abrí mi negocio”.”

Aprender un nuevo oficio

Peter Abwell presta redes y barcas a los nuevos pescadores. Foto: Alejandro Chaskielberg

“Ahora quiero ayudar a otros a aprender un nuevo oficio. Presto a los nuevos pescadores redes y barcas para que puedan pescar en el lago. Familias de pastores vienen aquí y tienen que adaptarse a una nueva forma de vida. Pescan y aprenden nuevos oficios, y están empezando a comprender la importancia de recibir una educación. Envían a sus hijos e hijas a la escuela para que puedan tener una vida mejor”.

“Si mi mujer estuviera aquí, me apoyaría y me daría un montón de ideas. Era una mujer muy emprendedora. Me ayudó mucho al comienzo. Pusimos en marcha la tienda partiendo de cero”.

Menos pesadillas, pero las preocupaciones persisten

Peter Abwell con su secador solar instalado por Oxfam. Foto: Alejandro Chaskielberg

“Dos de mis hijos empezarán la escuela secundaria el próximo año y ya me estoy preparando para lo difícil que será encontrar el dinero para enviarlos a la universidad más tarde. No quiero que mis hijos sean comerciantes o pescadores. Fue lo mejor que yo pude lograr sin tener una educación, pero quiero que ellos tengan un buen trabajo y una buena vida”.

“Solía soñar que un pueblo enemigo llegaba desde la frontera y atacaba nuestra casa. En el sueño destrozaban la verja de mi casa y robaban todas mis cabras. Unos meses más tarde casi todas mis cabras murieron y me acordé de este sueño. Creo que fue un aviso de lo iba a sucederles a mis cabras. A veces sueño que cae un montón de lluvia y los torrentes se llevan todo por delante. Sueño que estoy en el lago Turkana y que el viento es tan fuerte que mi barca vuelca. Entonces me despierto con el corazón acelerado. Si sueño que el viento es tan fuerte, al día siguiente no salgo a pescar”.

“Ahora no tengo tantas pesadillas. Normalmente me despierto sin haber soñado nada. A veces sueño que pesco un montón de peces y sobre mi familia. Me preocupan mucho mis hijos y su futuro. Me preocupa que haya demasiados pescadores y los peces del lago se agoten”.

Pescado del lago Turkana: “Mejor que la carne de cabra”

“Antes, los comerciantes venían al lago a vender su pescado a precios muy elevados y, de repente, dejaron de venir. Fue entonces cuando Oxfam ayudó a estabilizar el mercado. Así, los precios se mantuvieron a niveles razonables. La labor de Oxfam ha fortalecido nuestra comunidad y me gustaría que continuara apoyándonos para que nosotros y nuestros comercios puedan desarrollarse”.

“Me encanta el pescado. Mi hijo me trae todos los días pescado fresco del lago. Es mucho mejor que la carne de cabra. Más fresco y sano”.

Más información

Turkana: Imágenes nocturas Fotos de Kenia de Alejandro Chaskielberg

Una emergencia humanitaria: Cuerno de África

Todo sobre la comida: Campaña CRECE de Oxfam

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“¿No es normal que nos queramos defender de esta criminal familia Assad?”

Publicado por el 8 de febrero de 2012 a las 4:41 am

Fuente: http://periodismohumano.com/

Entierro masivo en Homs de algunas de las víctimas de los bombardeos del ejército de Assad. Febrero 2012 (AP vía LCCSyria)

El pequeño televisor japonés escupe las imágenes de Orient TV, el único canal de la oposición siria, que emite desde Emiratos Arabes, arrojando una turbia luz sobre la estrecha habitación donde se sientan los dos refugiados. Imágenes temblorosas captadas horas antes en el barrio de Baba Amr muestran el hospital de campaña recién atacado, a uno de sus sanitarios gritando desgarrado a cámara mientras entre la polvareda se distingue a un hombre con el pie convertido en un amasijo de carne. Otro yace en la entrada, inconsciente, y algo más allá dos varones transportan en una camilla a una tercera víctima.

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Ataque al hospital de Homs.

Confusión, miedo, caos e impotencia se mezclan en el televisor y también en los rostros de los dos espectadores, incapaces de desviar la mirada. En el exilio forzado, a esas sensaciones hay que sumarles un nudo en la garganta permanente que ahoga la conversación. “Después de ver la criminalidad del régimen, ¿no es normal buscar una forma de defender a nuestras familias, a nuestros hijos, nuestras casas y tierras? ¿No es normal que nos queramos defender de esta familia criminal y sus aliados?”, musita en tono calmado pero con el rostro desencajado Mohamed Emir Ashab, un clérigo de Homs refugiado en Tripoli, la segunda ciudad más importante del Líbano.

En la región norteña de Akkar, la comunidad siria refugiada en el Líbano (estimada en más de 6.000 personas, si bien se teme que la cifra sea mucho mayor dado que parte de quienes llegan no se registran por miedo a ser expulsados) sigue los acontecimientos en Homs con horror e incertidumbre. Las comunicaciones con el interior son imposibles, las imágenes grabadas por los cámaras aficionados, perturbadoras y el único contacto de la ciudad con el mundo exterior, el periodista ciudadano Khaled abu Salah, resultó herido en el bombardeo del hospital clandestino rebajando drásticamente la moral dentro y fuera de Siria.

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La última y furiosa ofensiva que pretende doblegar a la ciudad mantiene las emociones de los refugiados a flor de piel. “No pude dormir en toda la noche tras ver el vídeo del crío al que le habían volado media mandíbula, explica Rami, pseudónimo de un activista de Homs basado en Tripoli desde que huyese de una orden de captura en su país. La agresión relativiza los problemas de una comunidad atrapada entre la represión y la particular situación del Líbano, donde el gobierno –una coalición próxima a Hizbulá, aliado clave de Bashar Assad en la región- comienza a abandonar la relativa neutralidad que hasta ahora le caracterizaba para tomar partido claramente por Damasco.

Desde el pasado sábado, el Ejército libanés se ha desplegado en la región de Wadi Khaled, al norte de Akkar y fronteriza con Siria, para prevenir oficialmente el tráfico de armas pero, extraoficialmente, para evitar la entrada y salida de potenciales desertores sirios e impedir el acceso de refugiados bajo la acusación de entrada ilegal en el país. Al menos eso denuncian desde un hospital privado de Tripoli cuya segunda planta ha sido alquilada para atender a los heridos que logran entrar al Líbano. La cercanía de la ciudad de Homs a la frontera, apenas 30 kilómetros, convierte Akkar en un destino natural para ellos.

Abu Mohamed, de 29 años, original de Quseir, ciudad fronteriza siria en plena insurrección y también en plena ofensiva armada, es uno de los heridos. “Hace una semana me dispararon desde un checkpoint del Ejército. Abrieron fuego indiscriminadamente, me dieron en la pierna”, dice recostado en una de las habitaciones de la clínica. “Recuerdo poco, sólo que me cerraron la herida en una casa particular y me metieron en un coche. Luego fuimos en moto. Un trayecto que suele hacerse en 10 minutos nos llevó dos horas y media”.

Atravesar la frontera de forma clandestina, sorteando a los Ejércitos de ambos países, cada vez es más arriesgado para los heridos. La misma noche en que Periodismo Humano abandonó mediante esa vía Siria, a finales de diciembre, tras pasar ocho días en Homs, tres ciudadanos morían en un ataque del Ejército sirio contra su vehículo. “Eran dos libaneses y un sirio, viajaban en un automóvil con un herido al que pretendían evacuar. No sabemos qué ocurrió con el herido”, explica Abu Yaser, portavoz del Alto Comité Humanitario para la Asistencia de Siria, una institución recientemente creada para prestar ayuda sanitaria a los exiliados. “Desde hace semanas, cada vez es más difícil entrar en el Líbano. Hace 20 días detuvieron a cuatro refugiados que intentaban regresar a Siria; hace dos semanas, cinco heridos que habían sido evacuados fueron detenidos en un puesto de control militar. Ahora, los heridos sirios son un objetivo del Ejército del Líbano”.

Un ejemplo es Abu Alah, un fornido vecino de Quseir de 33 años con el brazo abierto en canal y sustentado por un arnés metálico. Hace un mes, según relata, las fuerzas armadas sirias dispararon contra el funeral de una víctima de la represión en la que él participaba, sosteniendo el féretro junto a más conciudadanos. “Una bala explosiva me dio en el brazo izquierdo, una bala en la mano derecha y una tercera en la pierna”, dice mostrando las cicatrices, aún frescas, que laceran su cuerpo. “Tuvieron que cortar hueso. Los médicos dicen que he perdido 10 centímetros de brazo, pero tuve suerte. Mucha gente cayó al suelo delante mía, al menos 13 murieron. A los heridos los remataban en el suelo. Yo caí frente a una casa: la puerta se abrió y sus habitantes me arrastraron hacia adentro. Cuatro horas después me pudieron sacar por la puerta de atrás”.

Varios niños escondidos en un refugio improvisado durante los bombardeos sobre la ciudad de Homs. 7 de Febrero 2012. (Omar shakir)

Abu Alah explica que pasó por un hospital de campaña, pero la gravedad de sus heridas requerían un equipo médico adecuado y se decidió su evacuación al Líbano. “Cuando llegamos a la frontera, había sido cerrada por completo. Esperamos hasta la una de la madrugada, con la esperanza de que se durmieran, y atravesamos la linde en mula. Pero cuando entramos en Líbano, en la primera casa donde me alojaron entró el Ejército”, dice suspirando con resignación. “Me llevaron de un calabozo a otro a patadas, ignorando mis heridas. Me acusaban de entrar ilegalmente en el país. En los siete días que estuve en prisión, nunca me dieron asistencia médica”. Sólo la aparición del dueño de la casa libanesa junto con responsables de la Cruz Roja lograron que las autoridades libanesas le liberasen.

Ahora Abu Alah espera a que la herida del brazo le sane para poder someterse a su próxima operación, que tendrá lugar en Trípoli. El lunes, cuando se realizó este reportaje, 32 de las 33 camas disponibles en la planta de la clínica alquilada por los sirios estaban ocupadas. No había ingresado nadie en los últimos días. “Estamos esperando muchos heridos, con la última masacre de Homs vamos a necesitar unos suministros médicos que no tenemos”, prosigue Abu Yasser. “No tenemos ayuda internacional: ni la Cruz Roja, ni la Media Luna Roja ni ninguna ONG nos ayuda. Este hospital nos cuesta 8.000 dólares por semana en condiciones normales, pero con la masacre de Homs preveemos que nos va a costar unos 12.000 en las próximas semanas. La situación está empeorando, que alguien nos ayude”, implora el joven, estudiante de Administración y Empresa hasta que la revolución transformó su vida.

Archivo. Marzo 2011. Lakatia. Un familiar de un herido por el ejército de Assad. llora por su pariente.

El personal de esta planta del hospital –casi exclusivamente sirio, salvo dos médicos libaneses que permiten que la clínica no cometa ninguna ilegalidad dado que en el país del Cedro está prohibido que personal extranjero gestione un hospital- ha atendido a unos 160 pacientes desde que fue alquilada, el pasado 3 de diciembre, pero son conscientes de lo que se avecina. Han lanzado una campaña de recaudación de fondos para pagar los gastos y han abierto una página web donde recoger donaciones. “No nos ayuda ninguna organización, sólo individuos sirios y árabes”, incide Abu Yaser. Hasta el momento se han enfrentado a heridas por esquirlas, balas explosivas y disparos de francotirador: en tres casos, las balas habían alcanzado la cabeza. “Han sobrevivido porque se trataba de heridas superficiales, pero el transporte hasta el Líbano fue muy difícil”. En otro caso, otro paciente llegó con 30 disparos, según Abu Yaser, quien especifica que “son todos civiles. A los soldados del Ejército Libre de Siria deben tratarles en secreto, sobre el terreno. Aquí no nos llegan”.

Los refugiados sirios ya disponen de dos clínicas en Trípoli como la antes mencionada. El personal compra camas supletorias de su bolsillo e incluso literas para aumentar la capacidad de las 10 habitaciones. Han abandonado las casas particulares, sin condiciones sanitarias adecuadas, donde antes trataban a los heridos en Trípoli. Pero las heridas emocionales, las que producen los recuerdos y las imágenes que llegan a través de la televisión, no tienen cura alguna. “Esto”, dice Abu Aleh, señalando los clavos metálicos que atraviesan su brazo, “no es nada comparado con lo que está pasando ahí dentro”.

Los silbidos de las bombas que caen sobre Homs se escuchan antes de las explosiones. Febrero, 2012.

Una de las consecuencias más previsibles de la impotencia ante los crímenes y ante la pasividad internacional será, sin duda, la radicalización religiosa de una población que siempre fue moderada. Los clérigos sirios han notado que cada vez más fieles acuden a las mezquitas, y no solo para participar en las las manifestaciones. En Siria, donde la concentración de personas está prohibida como tantas otras libertades públicas, la única forma de protestar contra el régimen era acudir los viernes a los templos y aprovechar el final de la oración para salir con la multitud y corear consignas. Según los religiosos consultados, los acontecimientos hacen que muchos se refugien en el Islam.

“Por supuesto que ahora hay más devoción religiosa”, dice el sheikh Mohamed Emir Ashab, natural de Homs. “La gente ha comprendido que nadie está de su lado, solo Dios”, añade este clérigo que escapó hace cinco meses, señalado por el régimen como “terrorista por decir lo que pensaba y ayudar a evacuar a los heridos”. Ashab participó en las primeras protestas, entre ellas en la celebrada en la Plaza del Reloj al principio de la revolución, respondida con fuego por el régimen. “Nos dispararon, nos bombardearon. Fue un shock para nosotros. No somos radicales ni somos terroristas, pero tengo familia. Tengo que defender a mis hijos, defender mi país, y si para eso tengo que recurrir a las armas lo haré. Cualquiera debería estar de acuerdo conmigo”, se justifica Ashab.

Un refugiado sirio, con sus hijos, grita contra el gobierno de Assad en Yayladagi, Turquía, Junio 15, 2011. (AP Photo / Vadim Ghirda) I

A su lado, el sheikh Zuheir Amr Abazi, originario de Daraa, asiente tras su mesa de trabajo. “Está habiendo una persecución religiosa. Cualquiera con barba es detenido, cualquier mujer con niqab es objetivo de los shabiha, está habiendo violaciones”, denuncia. Abazi escapó del país hace seis meses, tras destacar demasiado como religioso implicado en las revueltas. En Daraa, el corazón de la insurrección siria, estudió cuatro años con el sheikh Ahmed al Ayassi, responsable de la mezquita de Al Omari, de donde salieron las primeras protestas tras la detención de una docena de adolescentes acusados de realizar pintadas pidiendo la caída del régimen.

Los jóvenes fueron torturados –les arrancaron las uñas, golpearon y quemaron en los interrogatorios- y sus familiares y vecinos salieron a las calles para pedir al principio su liberación y, más tarde, responsabilidades por sus heridas. Abazi, de 25 años, lo sabe bien, porque es primo de uno de los niños torturados. Cuando la ciudad fue atacada con carros de combate escapó a Damasco, donde ingresó en los Comités Locales de Coordinación, una de las organizaciones que lideran las revueltas. Tras la formación del Consejo Supremo Islámico de Siria –ilegal- Abazi fue nombrado secretario y portavoz del mismo y enviado al exterior para promover la nueva institución.

“Desde que comenzó la revolución han sido detenidos 800 estudiantes de teología o ulemas”, dice el sheikh. “Más de 150 han sido asesinados, y unos 500 estamos en la clandestinidad”, dice explicando su propia presencia en el Líbano. “No hay un sólo clérigo en Homs que no haya sido perseguido”, apunta el sheikh Ashab.

La persecución religiosa está destinada, según ellos, a justificar que son extremistas religiosos quienes están detrás de la revuelta. “Los Hermanos Musulmanes sólo están presentes en los medios de comunicación. Sobre el terreno llevan décadas desaparecidos, en el exilio, desde la masacre de Hama”, continúa el sheikh de Homs. “Al que se le ocurre siquiera la idea de militar en los Hermanos Musulmanes se lo llevan a prisión”, aduce Abazi. “En Siria, en caso de asesinato la pena es cadena perpétua, pero si se sospecha de militancia en los Hermanos Musulmanes la sentencia es pena capital”.

Un día antes de ser herido por metralla, el reportero ciudadano Abu Salah recoge una niña muerta en el bombardeo de Homs por el ejército de Assad. (Video captura)

Los clérigos no descartan que, como ya pasó en el Líbano o en Irak, grupos radicales se asienten en Siria atraidos por la inestabilidad, el caos y la violencia. “El régimen de esta mafia que son los Assad ha perdido el control y eso abre espacio a radicales con malas intenciones. Hay que ser realistas, las fronteras son muy grandes”, incide el sheikh de Homs.

No hay dudas que las diferencias entre las sectas religiosas están siendo exacerbadas en Siria por la violencia. El espectro de la guerra civil es, según los dos religiosos, obra de Assad, una opinión que comparten todos los activistas consultados dentro y fuera del país árabe. “El régimen está atacando mezquitas e iglesias para culpar a ‘terroristas’. Bashar intenta encender la llama [del conflicto sectario] para justificarse, para decir que sólo se defiende de lo que sale de las mezquitas”, indica el clérigo de Homs. Sin embargo, Ashab no puede garantizar que no suceda lo peor. “Si ocurre lo que tememos en el futuro, será culpa de la indiferencia del mundo. Nosotros hemos demostrado principios, pero esto resulta insoportable”, dice señalando a las imagénes de Orient TV que muestran cómo Homs se desangra.

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Más información en las  “Crónicas de Siria”, realizadas clandestinamente en la sitiada ciudad de Homs, Siria.



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Turquía: fin del programa de apoyo de salud mental a los damnificados por el terremoto

Publicado por el 7 de febrero de 2012 a las 5:47 pm

Fuente: Médicos sin fronteras

7 Febrero 2012

Médicos sin Fronteras (MSF) y la organización turca Helsinki Citizens’ Assembly (hCa) han finalizado con éxito su programa de salud mental para apoyar a los supervivientes del terremoto en la provincia de Van, en el este de Turquía.

© Knut Maehlumshagen

“Tras el terremoto, las necesidades en salud mental son siempre importantes. La gente ha entendido la importancia de usar este apoyo y estamos contentos con los resultados”, cuenta Patrick Wieland, responsable de MSF del proyecto en Van.

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