NUEVA CALEDONIA: FLORA (PALMERAS Y CONÍFERAS)

Para contribuir y sensibilizar al público de la imperiosa necesidad de salvaguardar el tesoro que significa la rica biodiversidad del archipiélago de Nueva Caledonia, el correo de las islas lanzaba el 14 de marzo de 2016 un facial de 120 francos dedicado a especies endémicas.

NUEVA CALEDONIA: FLORA (PALMERAS Y CONÍFERAS)

En total el efecto reproduce cinco especies que vienen a representar la mayor parte de los hábitats de la isla Grande o de las islas de la Lealtad. Concretamente, han filatelizado la palmera de Lifou (Cyphophoenix nucele), el pino de Combui (Callitris sulfata), la palmera de Tao (Clinosperma macrocarpa), el pino columna (Araucaria luxurians) y el kaori blanco (Agathis moorel). En resumidas cuentas: una pequeña muestra de la variedad que podemos encontrarnos por aquellas latitudes puesto que se tienen censadas 45 especies de coníferas (42 son endémicas), 39 de palmeras (38 endémicas) y, lamentablemente, algunas de ellas en franca regresión por la quema de los bosques para el posterior uso agrícola y allí, como aquí, pan para hoy, hambre para mañana (la desertización no se detiene), las extracciones mineras, el corte ilegal de los árboles o la proliferación de fauna introducida que invade el territorio y rompe el difícil equilibrio alcanzado a lo largo de millones de años; otro peligro inminente es el de especies que han visto reducido su espacio y que las hacen verdaderamente muy vulnerables.

Desde el 2009 la Asociación Noé mène, junto a los autóctonos, trata de preservar ambas especies (palmeras y coníferas), en estos momentos realizan inventario y cartografían las zonas para tratar que el desastre ecológico no vaya a más. Asimismo tratan de reintroducir en las zonas que han sido degradadas o bien eliminar las plantas invasoras, para ello tienen en plena producción los viveros que cada año producen centenares de ejemplares que se trasplantan en las zonas más frágiles para iniciar el lento proceso de la recuperación de la flora y fauna autóctona.

Recordemos que en nueva Caledonia hay unas 4000 plantas diferentes y de ellas más del 80% son nativas, o sea, endémicas. Si se extinguen lo hacen para siempre y, reconozcámoslo, la actividad predadora del hombre no es precisamente la mejor aliada para la naturaleza. Por suerte un 20% de las montañas todavía conservan su capa vegetal original pero no es muy esperanzador ver que todavía se queman zonas boscosas para hacer los pequeños huertos destinados al autoconsumo (el desastre minero es otro cantar).

Entre los árboles más interesantes uno puede encontrarse (no sólo los cinco filatelizados) sino todo un mosaico, aunque las zonas de aprovechamiento humano sean ya pasto de especies introducidas. Hoy tienen varias reservas, las naturales, las botánicas de especial interés las reservas de fauna o los parques nacionales. El nivel de protección suele variar. Las áreas naturales que gozan de protección pública tienen muy limitado su acceso (incluso para poder pisar los territorios de las tribus se necesita disponer del permiso del jefe, y aún teniéndolo, se hace necesario interactuar con mucho tacto).

En las cercanías de la capital uno puede visitar zonas que le harán pensar en el paraíso, pero si uno realiza un viaje de varias semanas por todo el archipiélago, es evidente que de una u otra forma habrá visionado la mayor parte de su flora. El Parque Provincial de Río Azul puede ser una buena opción para introducirnos en su fauna, hay decenas de cagou (ave que alcanza medio metro y pasa por ser la enseña del territorio) o el gigante árbol kaori (mas del mil años de antigüedad y casi tres metros de diámetro). Reseñar que es un parque de pago y en la entrada ofrecen información en francés e inglés; hay un autobús diario que sale de Port Perignon y te deja en Refugio Viejo.

Otra zona atractiva es la de las Cataratas de Le Madeleine, están en medio de la reserva botánica. Otras zonas relativamente próximas a Nouméa, pero de mayor dificultad para el caminante son los montes Humboldt y Painé, en ambos el viajero encontrará refugios. Mucho más accesible es el Monte de Mou que goza de una gran variedad de flora. Si la estancia es corta, lo mejor es darse una vuelta por el Parque Zoológico y Forestal que es accesible por el tren turístico o el más popular Nouméa Explorer, un sistema que prácticamente se usa en un centenar de países y se convierte en una forma ideal cuando el tiempo (o el cansancio) no dan para más.

En la zona del centro Cultural Tjibaou (lleva el nombre de un líder independentista kanako asesinado en 1989) uno encontrará la tranquilidad más absoluta y los manglares de la Península de Tina, omnipresentes, aunque quizá el visitante se verá más atraído por un inmenso falo de madera en la puerta del Museo. De fácil acceso, conviene llevar la documentación completa, a veces, aunque uno sea extranjero, puede ahorrar parte de la entrada (jubilado, siempre con más de 65 años o profesionales de la enseñanza con acreditación al día, discapacitados –a veces el acompañante tampoco paga-) documentos que ocupan poco en la cartera de viaje y si haces números puedes “liberar” un buen pellizco para otras cosillas, sobre todo cuando estás en un territorio que el nivel de vida dobla al de España.

El sello, en formato horizontal, fue diseñado por Jean Paul Veret Le Marinier, la impresión fue en offset por Phil@poste en minipliegos de 10 ejemplares, tirada de 25.000 sellos, comenzaron a circular el 19 de marzo de 2015, están destinados a la tarifa básica hasta 50 gramos de peso en el servicio interior..

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caledoscope@opt.nc
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JUAN FRANCO CRESPO
lacandon999@yhaoo.es



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