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a aventura antártica de la Argentina arranca con la
expedición que realizara Luis Piedrabuena en 1881-1882; a aquel intrépido
navegante le seguiría el comodoro Augusto Laserre que instalará, en la isla
de los Estados, el faro que Julio Verne denominara “El faro del fin del
mundo” [hace poco tiempo fue filatelizado por la República Francesa]. La
isla, en fin, tuvo también diversos usos: penal, guarnición militar, etc.
Poco después se fundó también la ciudad
de Ushuaia que se denomina “la ciudad más austral del mundo”: era el 12 de
octubre de 1884 [fecha mítica desde que Colón pisara el Nuevo Mundo] y con
ello, el gobierno argentino, deseaba llevar los límites geográficos del país
a los confines australes, demostrando, con el paso del tiempo, lo acertado
de aquella decisión, la apuesta de unos políticos visionarios [contrasta con
la podredumbre de la clase política de nuestro tiempo, no sólo en Argentina,
sino prácticamente a nivel “global”, sobre todo ahora que se habla tanto de
la globalización, resulta increíble lo fácil que es comparar un político con
otro, sea cual sea, el origen del mismo] y sería la puerta de entrada y
salida de la mayoría de los viajes antárticos, aunque también es cierto que
dependiendo del país de los expedicionarios, los vaivenes políticos, etc.,
también se combina con los navíos que hacen escala en la chilena Punta
Arenas.
Apenas un año después se celebraría en
Londres el VI Congreso Geográfico Internacional y de allí salía también la
idea de explorar los territorios blancos. A comienzos del XX Otto
Nordenskjöld quedó atrapado en los hielos y fue la corbeta Uruguay la que
acabó rescatándolos el 8 de noviembre de 1903. Días después la expedición de
William Bruce ofrecía las instalaciones de las islas Orcadas al gobierno
argentino y así fue como se establecía la primera estafeta postal que estuvo
a cargo de Hugo A. Acuña y en donde se aplicó, hace casi un siglo, la
primera marca postal con “sabor” polar de la República Argentina [las piezas
de aquella época son todo un hito para los temáticos de esta disciplina].

Botadura de la Corbeta Uruguay
En efecto, Acuña aplicó la primera marca
el 20 de enero de 1904 y, de esta manera, se inicia la presencia permanente
argentina en la región austral. La estación radiotelegráfica comenzaría a
funcionar el 30 de marzo de 1927 y en su día fue filatelizada al cumplir el
medio siglo de existencia. La estación estuvo a cargo de José Manuel Moneta
y del radiotelegrafista Emilio Baldoni.
Durante un largo período, las
investigaciones estuvieron prácticamente estancadas, tras la II Guerra
Mundial, los ojos del mundo pondrían su horizonte en el continente blanco.
Por parte Argentina se inició, en 1947, el primer correo aéreo antártico y
cinco años después ya funcionaba la primera estafeta aeronaval de la región.
Se crearon en aquella época numerosas bases y las oficinas fueron dotadas de
matasellos específicos que eran aplicados por los científicos o militares
que ostentaban el la responsabilidad de las comunicaciones postales. Estos
matasellos específicos son ya verdadera historia postal y las colecciones
sobre el continente blanco mejoran su categoría cuando incluyen piezas de
esta época [o anteriores, si se trata de expediciones de otros países].
La filatelia argentina está llena de
ejemplos polares y comienzan a caer los aniversarios: medio siglo de la
fundación de bases e instituciones que durante años han desarrollado una
tarea prácticamente desconocida para el gran público. Imaginamos también que
el centenario de la oficina radiopostal de las Orcadas en el 2004 será
celebrado por todo lo alto. Poco a poco, aunque sea de manera testimonial,
van apareciendo estampillas que honran los trabajos de unos seres humanos,
intrépidos que, en condiciones extremas, no dudaron desafiar a los elementos
e ir más lejos en sus tareas científicas y de exploración.
La primera emisión que hoy comentamos
estuvo dedicada al 50 aniversario de la Base Decepción. Esta primera
estampilla salió el 15 de agosto de 1998, en ella nos encontramos la
cartografía de la isla, el módulo habitacional y de investigaciones que
aparece coronado por la inevitable torre que sirve para los enlaces
radiales. El Destacamento Naval Decepción fue inaugurado el 25 de enero de
1948, está ubicado en la isla homónima [en las Shetlands del Sur] entre los
62º 59’ Sur y 60º 43’ Oeste. En aquella histórica expedición participaron el
patrullero ARA King, rastreador ARA Seaver, el transporte ARA Pampa, el
petrolero ARA Ministro Ezcurra y el remolcador ARA Churrúa [ARA = Armada de
la República Argentina]. El patrullero ARA Murature se quedó averiado en la
dársena de la ciudad de Ushuaia.
El 19 de noviembre de 1947 el King
fondeaba en la bahía Balleneros [también navegaban por la zona los
rastreadores Granville y Bouchard]. El King permaneció un mes en Bahía
Primero de Mayo y realizó tareas de apoyo en la construcción de edificios,
balizamiento y trabajos de hidrografía. Tras 44 días, el 25 de enero de
1948, a las 10.45 horas, el jefe de la expedición Ricardo Hermelo [Capitán
de Fragata], leía el acta inaugural, quedó como primer jefe y responsable el
teniente de navío Roberto A. Cabrera. A la base se llega por el angosto
estrecho denominado Fuelles de Neptuno y, cuando el suelo pierde su
característico color blanco, muestra la cruda realidad de su pasado
volcánico. La erupción del mes de diciembre de 1967 obligó a clausurar las
instalaciones que, tras la correspondiente remodelación, volvieron a
funcionar de manera permanente hasta hoy.
l segundo valor también conmemora el
medio siglo de vida de las bases General San Martín y Almirante Brown. En
ambos casos aparece la cartografía de la península antártica, edificios, las
aves skúa y cormorán, respectivamente.
a Base San Martín se inauguró el 21 de
marzo de 1951 por el coronel Hernán Pujato y constituyó todo un hito para la
República Argentina y el mundo al convertirse en el primer asentamiento al
sur del Círculo Polar Antártico. Tras la construcción se le fueron añadiendo
una serie de refugios en toda la región de influencia, entre ellos Nogal de
Saldán, Paso de los Andes, Granaderos, Plumerillo, Chacabuco, Yapeyú, Maipo
y 17 de Agosto.
a base se ubica en la Bahía Margarita
(islote de Barry) a 68º 07’ Sur y 67º 8’ Oeste; suele estar azotada por
vientos que fácilmente superan los 200 km/h. En sus instalaciones fijas
podemos encontrar, al margen del edificio que hace de casa y sirve de
alojamiento, la carpintería, enfermería, capilla, estación eléctrica,
taller, laboratorios y depósitos de víveres y materiales. Como es normal,
cuenta con un buen campo de antenas que sirven para los estudios que realiza
sobre el terreno el Instituto Antártico Argentino [IAA] y el Laboratorio San
Martín.
n cuanto a la Base Brown corresponde a la
construcción realizada en la campaña antártica 1950/51, cuando se levantó un
destacamento en la península Sanavirón (Puerto Paraíso) en los 64º 53’ Sur y
62º 53’ Oeste. Las instalaciones funcionaron como observatorio meteorológico
y base de apoyo a las campañas realizadas hasta 1960, cuando temporalmente
fue clausurada. En la campaña de 1964/65 el personal del IAA lo recicló y lo
convirtió en uno de los laboratorios más completos de toda la península
antártica para realizar estudios de biología y se le bautizó como “Estación
Científica Almirante Brown” al inaugurarse el 17 de febrero de 1965. Las
instalaciones, como suele suceder con demasiada frecuencia en la Antártida,
fue devorada por el fuego en 1984 y, parcialmente reconstruida entró de
nuevo en servicio en la campaña 1988/89. La emisión conmemorativa de los dos
sellos de estas dos bases fue realizada el 24 de marzo del 2001.
El medio siglo del IAA se realizó un mes
más tarde: el 21 de abril del 2001; en esta ocasión fueron también dos
sellos de 75 centavos (como los anteriores de las bases) que corresponde a
la tarifa básica nacional [recordemos que, a pesar de las dificultades,
Argentina tiene el dudoso honor de poseer uno de los correos más caros del
mundo, sobre todo si comparamos con las dificultades que pasan sus
habitantes] que están recogidos en una hojita bloque, muy bien
confeccionada, técnicamente es impecable, que se complementa con los
transportes tradicionales en la región (avión y barco), cartografía y fauna
antártica. En los sellos aparecen sendos científicos realizando trabajos en
los campos de fósiles y topografía.
El gobierno argentino decidió centralizar
los trabajos de las diferentes instituciones que participaban en las
campañas antárticas, así que el 17 de abril de 1951 creaba, por el decreto
7338/51, el Instituto Antártico Argentino. A partir de la campaña 1952/53
vino facilitando investigadores y técnicos al grupo expedicionario destinado
al continente blanco con el objetivo de realizar estudios en los diferentes
campos científicos en bases y destacamentos ocasionales o permanentes
instalados en el territorio antártico.
En este medio siglo de permanencia del personal del IAA en la región, éstos
han realizado constantes aportaciones en los campos de Ciencias de la
tierra, Biología, Atmósfera, Ciencias del mar, Medio ambiente, Psicología
antártica y Museología. Hoy no sería posible la actividad polar argentina
sin la presencia del personal del Instituto, aquellos aficionados que deseen
obtener más información sobre sus actividades y la Antártida en general,
harían bien en darse una vuelta por la www.dna.gov.ar en donde encontrarán
numerosos trabajos y enlaces a otras páginas alusivas a las investigaciones
en el continente blanco.
NOTA DEL REDACTOR: El presente trabajo
fue realizado con información facilitada por el Correo Argentino.
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