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ECOLOGÍA

Las zonas polares en la Biosfera

 


 

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a vulnerabilidad e interdependencia de la biosfera total, en ninguna parte es más evidente que en la envoltura de la atmósfera, que está siendo invadida, cada vez más, por las actividades industriales del hombre. Durante milenios el nivel general de calor en el planeta se ha mantenido bastante uniforme mediante un equilibrio crítico. La radiación solar que nos llega, sumada a la que la propia tierra emite, es igual a la cantidad de radiación que el cinturón protector de la atmósfera retiene, o es devuelta al espacio por la superficie de las nubes y la Tierra.

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Biosfera, foto NASA

Las zonas polares tienen un papel fundamental en la biosfera común. Las diferentes partes del planeta están sujetos a diferentes grados de calentamiento y enfriamiento, y sus intercambios (mediante los vientos y la mediación universal de los océanos) constituyen el clima íntegro, totalmente interdependiente en nuestro planeta. En las zonas tropicales el calor absorbido es mucho mayor que en las polares, que son altamente reflexivas. El calor generado en el centro tiende a fluir hacia los polos, y sus aires mas fríos son atraídos de regreso hacia el centro. El efecto general es mitigar las temperaturas extremas. Estos movimientos aparentemente simples se tornan complejos por la rotación de la tierra, la acumulación de tierras en unas zonas y las aguas en otras, por las altas cadenas montañosas, y la distribución de las selvas húmedas y de los desiertos. Todos estos condicionantes son la causa de que los patrones climáticos no se cumplan en sistemas locales de condiciones del tiempo.

Durante aproximadamente el 90% de la existencia estable del planeta parece haber carecido de hielo. Pruebas geológicas nos indican que nos encontramos ahora al final del sexto periodo glacial. El hielo comienza a retirarse, aunque los casquetes polares no han desaparecido en su totalidad. Su ausencia podría significar una topografía catastróficamente diferente, con masas de tierra sumergidas y otras indescriptiblemente calientes.

Hoy el hombre se encuentra con otra faceta de su vida planetaria: la fragilidad de los equilibrios mediante los cuales subsiste el mundo natural que conocemos. El equilibrio entre la energía de llegada y de salida, la interacción de las fuerzas que mantienen el nivel de la temperatura global media, parecen ser tan uniformes y precisos, que la rotura mas leve del equilibrio de la energía podrían trastornar todo el sistema. Un mínimo porcentaje de cambio en el equilibrio de la energía del planeta, puede modificar las temperaturas medias en 2º C. Si esa variación es en descenso, se producirá otro periodo glacial. Si es en ascenso, volveremos a una edad sin hielo. Sea cual sea la tendencia, los efectos serán catastróficos.

Es aquí donde la atención está puesta en el hombre. Las acciones humanas, por minúsculos que puedan parecer sus efectos cuando se les compara con la escala total del sistema de energía del planeta, pueden desencadenar uno de esos pequeños pero fatales cambios que alteren el natural cambio ecológico.

De entre todas las actividades del ser humano, hay algunas que despiertan gran preocupación: el bióxido de carbono intercepta las radiaciones del calor de la Tierra, e intercepta también su vuelta a ella, es decir, el llamado efecto invernadero. La excesiva deforestación influye en la tasa natural de bióxido de carbono de la atmósfera, así como una industrialización incesante por las demandas crecientes de energía. Las condiciones para que se produzca un cambio climático inducido, tienen más posibilidades de prosperar ante las variables introducidas por el hombre tecnológico.

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