a vida en el clima extremo
del Antártico es difícil de sustentar. Ningún animal terrestre vertebrado
vive de forma permanente en el Continente, sólo algunas especies
invertebradas son capaces de sobrevivir allí, y aún así, siempre fuera de
las áreas libres de hielo.
Unas 100 especies de
invertebrados se han podido clasificar, la mayor parte de ellas son
sumamente pequeñas o microscópicas, y casi todos insectos. Incluyen
mosquitos, gusanos, arañas, pulgas o piojos. Algunos de estos animalillos
viven entre los musgos, líquenes y bajo las piedras cercanas a las colonias
de pájaros. Existen también muchas especies unicelulares llamadas protozoos,
así como bacterias del suelo y del agua.
Los insectos de estas latitudes
necesitan condiciones secas para sobrevivir; el agua de los cuerpos supone
una amenaza para ellos que podría helar sus células a bajas temperaturas.
Los insectos antárticos resuelven el problema de diferentes maneras. Algunos
sueltan el agua en forma de gotas; otros evitan las heladas fabricando en la
sangre un compuesto químico anti-hielo; otros se hielan, pero los cristales
de hielo se forman entre las células, no dentro de ellas; muchos otros que
no poseen capacidades biológicas para enfrentarse al hielo, adoptan
funciones parasitarias uniéndose al cuerpo de otros
animales para mantener
su propia temperatura.
En cuanto a las bacterias,
los Coccus son las más abundantes en la Antártida. Tienen forma
redondeada y según los tipos de agrupaciones se definen como: Diplococos
(Streptococcuspneumoniae), Estreptococos (en
cadena, como la Streptococcuspyogenes), o
Estafilococos si se asocian en forma de racimo de uva, como la
Staphylococcusaureus. Existen también otras formas de
bacterias más escasas como los Flavobacterium y los bacilos.
Bacterias
Según el medio en que se
desarrollan las bacterias pueden ser Anaeróbicas, que no precisan
de oxígeno para sobrevivir, como las que habitan los cadáveres de
animales o
restos de algas; o Termófilas, que requieren temperaturas elevadas
para su normal desarrollo generalmente superiores a 45º C., como las
encontradas en las calderas de Isla Decepción. Otras bacterias halladas en
el Antártico poseen facultades para fijar el nitrógeno o reducir sulfatos.
Las bacterias del agua juegan un papel importante en los ecosistemas marinos
aunque están menos estudiadas.