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a infección se manifiesta mediante la implantación y desarrollo en el organismo de virus o microbios, que causan siempre la misma enfermedad, o también mediante agentes no específicos que provocan manifestaciones diversas según su ubicación o punto de evolución. Los agentes patógenos que causan las infecciones pueden localizarse en el mismo punto en que penetran, y a partir de aquí actuar a distancia mediante las toxinas que segregan. También pueden invadir todo el organismo, provocando septicemia, consistente en la invasión del torrente sanguíneo por los propios gérmenes o sus toxinas; este caso, que es grave, está favorecido por condiciones que disminuyen la capacidad defensiva del organismo, y su mortalidad es elevada.
De forma natural, el organismo posee barreras defensivas internas y externas contra las infecciones, que constituyen la llamada inmunidad natural o congénita. No obstante, existen medios de evitar las infecciones que dependen de nuestra propia voluntad, son las medidas o normas preventivas. Una de las normas más importantes para la prevención de las infecciones es la higiene, no sólo la personal, sino también la que se refiere al ambiente en que se desarrolla la vida diaria. Básicamente se deben observar las siguientes normas de higiene: - Las manos deben estar siempre limpias antes de tocar o manipular los alimentos, y después de utilizar el baño. - Las prendas o materiales utilizados en vendajes y que hayan estado en contacto con microorganismos deben destruirse, o desinfectarse si se pretende su reutilización. - Las personas enfermas con capacidad de contagiar es conveniente aislarlas, o en su defecto ventilar muy bien sus habitaciones y mantener una higiene esmerada. Sus objetos personales, tanto de aseo como los utilizados para comer, deben lavarse por separado. Otras normas preventivas básicas son las siguientes: - Asearse, especialmente las manos, cuando se tocan a los animales, ya que pueden ser portadores de gérmenes que nuestro cuerpo no tolere.
- Disponer de objetos personales individuales, ejemplo de peines, cepillo de dientes, máquina de afeitar, etc. - Cubrir adecuadamente las heridas que podamos poseer antes de manipular alimentos u otros productos susceptibles de contagio. - Vacunarse, especialmente durante la infancia, o si se van a realizar viajes a países extranjeros de riesgo, especialmente los tropicales, donde podemos quedar expuestos a gérmenes que no son habituales en nuestra área de residencia habitual, y ante los que tendríamos menos capacidad inmunológica.
Cuando las medidas preventivas no han sido suficientes para impedir contraer una infección, es necesario recurrir a mecanismos de curación que se aplican en función del tipo de germen implicado. Así, las bacterias pueden ser combatidas con eficacia administrando determinados medicamentos, como antibióticos y sulfamidas. Sin embargo, los virus, como el de la gripe, no responden a los antibióticos y medicamentos similares, motivo por el que se suele dejar que el sistema inmunológico intente vencer la enfermedad por sí mismo, actuando con medicación sólo sobre los síntomas más molestos, como son la fiebre, tos, diarreas, vómitos, etc.
Otras enfermedades producidas por hongos suelen responder muy bien a los tratamientos con medicamentos fungicidas, o con rayos ultravioleta, sea directamente por medio de la radiación solar o con lámpara solares artificiales. Los antibióticos y antitoxinas también suelen ser eficaces para combatir enfermedades producidas por protozoos. Sigue en la pág. siguiente -->
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