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Cita para la reflexión: La honradez se detiene ante la puerta y llama, el soborno entra (Burdett A. Rich)

Agricultura

SUELOS

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La aportación de nutrientes (continuación)

Formas de presentación de los nutrientes no aprovechables por las plantas

n ocasiones algunos elementos de los nombrados anteriormente se encuentran en el suelo en formas compuestas que impiden su aprovechamiento por las plantas. Por ejemplo, si el fósforo se presenta combinado con hierro o aluminio su absorción será inviable, no así cuando se combine con magnesio o calcio.

Existen tratamientos y fertilizantes artificiales para conseguir que estos elementos complejos se descompongan en otros más simples, y así permitir que las plantas dispongan de mayores reservas de nutrientes.

Método para disponer de mayores reservas de fósforo

Los fosfatos ácidos de cal o superfosfatos son fertilizantes que se añaden normalmente a los suelos cuando se desea una mayor disponibilidad de fósforo. Alternativamente, se pueden conseguir nuevas reservas de este nutriente reduciendo la acidez del suelo mediante el añadido de calcio (véase el apartado dedicado al control de la acidez), sin embargo si el suelo mantiene fósforo en formas complejas (no asimilables por las plantas) mientras se aplican y perduran los efectos de los superfosfatos, entonces las reservas de fósforo quedarán aseguradas durante muchos años.

Preferencia por los abonos orgánicos

Como se ha dicho, las plantas también necesitan pequeñas cantidades de algunos elementos existentes en los suelos, como el azufre, cobre o manganeso; cuando exista carencia y dado los pequeños niveles se suele realizar ya incorporados a fertilizantes artificiales. De todas formas, y como norma general para una práctica ecológica en el acondicionamiento de los suelos, los estiércoles son los fertilizantes preferentes. Los nutrientes que contienen estos abonos orgánicos permanecen en el suelo mucho más tiempo que los artificiales, evitándose además que por lixiviación se contaminen los acuíferos o se laven más rápidamente las capas superficiales del suelo.

El control de la acidez

Es muy importante en el mantenimiento de los suelos controlar su acidez específica para adaptarlos a los diferentes cultivos. Dependiendo del tipo de planta cultivada requerirá suelos más o menos ácidos, por ejemplo, las leguminosas se desarrollan adecuadamente en terrenos neutros o con un pH ligeramente alcalino o ligeramente ácido, es decir, ligeramente superior o inferior a 7. Sin embargo, plantas ericáceas como los arándanos o mirtilos precisan suelos más bien ácidos.

El pH (del francés Pouvoir hidrogene o poder del hidrógeno) indica la concentración de iones hidrógeno de una disolución; de 1 a 6 es ácido (1 muy ácido, 6 poco ácido), 7 es neutro, y de 8 a 14 es alcalino (8 poco alcalino, 14 muy alcalino). Cuanto más iones hidrógeno posea el suelo más ácido es. Para corregir el exceso de acidez de los suelos se añade caliza dolomítica (cal muerta). El calcio de la cal reacciona neutralizando el ácido del suelo (sustituyendo el hidrógeno que contiene).

La clorosis presenta hojas raquíticas y amarillentas
La clorosis presenta hojas raquíticas y amarillentas

Si el suelo contiene exceso de cal entonces presentará clorosis, que se manifiesta en las plantas mediante raquitismo y un color amarillento, resultado de la dificultad de las plantas para realizar la función clorofílica. Se combate empleando abonos ácidos y regando con sulfato de hierro diluido en agua. En casos muy extremos se puede emplear quelato, producto muy efectivo contra las intoxicaciones metálicas.

Para medir el pH de un suelo y saber si es ácido o alcalino, podemos utilizar indicadores que se fabrican expresamente para ello en las tiendas especializadas, como el papel de tornasol que varía su color dependiendo del nivel de acidez; o mediante aparatos electrónicos que utilizan unos electrodos para enterrar en el suelo que se desea analizar; no tiene complejidad y nosotros mismos podemos llevar a cabo el análisis sin ningún tipo de ayuda, solamente siguiendo las instrucciones.

Si alguna vez hemos tenido en el hogar un acuario seguramente habremos utilizado un test de pH, el ejemplo nos sirve para ilustrar en que consiste este sistema; los peces necesitan que el agua sea neutra (ni ácida ni alcalina), esto lo podemos saber observando el color que presenta el agua recogida en un pequeño tubo de ensayo, una vez ha reaccionado con unas cuantas gotas de un líquido de análisis que le hemos añadido; si es verde es agua neutra (7), si es amarillento es ácida (menor de 7), si es azulado es alcalina (mayor de 7).

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