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ndependientemente de la teoría sobre la fecundación o polinización de las flores, al agricultor o jardinero le interesa conocer los aspectos más técnicos sobre la reproducción sexual, con objeto de aplicarlos a su actividad; veamos algunas consideraciones: Autoesterilidad Es importante saber qué plantas, frutales, etc., son monoicas o dioicas, o sea, si pueden producir frutos por si mismas o si requieren de una polinización cruzada. Por tanto, lo primero es informarse adecuadamente de las características biológicas de la planta que se desea cultivar, para así cubrir con conocimiento de causa cualquier inconveniente que se nos presente. Por ejemplo, determinados frutales de peral y cerezo de flores monoicas hermafroditas, a pesar de que supuestamente se autopolinizan, en realidad son estériles para sí mismas; esto obligaría a plantar varios ejemplares de esos frutales, u otras variedades, próximos entre sí para asegurar la polinización cruzada. Otra opción muy útil para salvar este problema, y además muy brillante por su estética, es el injerto de al menos tres variedades diferentes en un mismo árbol, favoreciéndose así la máxima proximidad entre flores compatibles para la fecundación. Dependiendo de las varetas injertadas, se podrá disfrutar de un llamativo abanico de distintos frutos naciendo de las ramas del mismo árbol. (Para más información sobre los injertos véase el apartado sobre reproducción asexual). Mayor obtención de flores y semillas En muchas plantas ornamentales anuales nos puede interesar obtener la mayor cantidad posible de flores y semillas. En este caso es importante favorecer la presencia de insectos polinizadores. Lo más útil es situar en las proximidades alguna colmena de abejas, que son los agentes polinizadores por excelencia. Autopolinización forzada En alguna ocasión, por sus características especiales, puede que nos interese obtener semillas de una planta monoica hermafrodita (masculina y femenina en la misma flor, como ya es sabido) y no de otra. El sistema más simple es colocando una bolsa de celofán protegiendo la flor un poco antes de que se haya producido la maduración. De esta manera forzamos la autopolinización, impidiendo que el polen de otras flores próximas alcancen sus partes femeninas y la fecunden accidentalmente, o que sea invadida por algún insecto polinizador. Conservación de vegetales con determinadas propiedades En determinadas ocasiones nos podemos encontrar con algún frutal o planta de flor que posea determinadas propiedades, y que ha aparecido por casualidad en nuestro campo o huerto. Para conservarlos no es adecuado recurrir a la reproducción por semillas; en este caso se debe utilizar la multiplicación vegetativa, sea mediante esqueje, acodo, u otras formas de reproducción asexual. (Véase el apartado sobre reproducción asexual). Este sistema aporta la seguridad de que se conservará la semejanza con la planta original, evitándose los posibles "fallos" de transferencia genética a los que tiende la reproducción por semillas. Multiplicación de bulbosas Las plantas bulbosas no deben reproducirse por métodos sexuales. Estas plantas suelen emitir numerosos propágulos o yemas estoloníferas; cultivando los bulbillos para el engorde en un lugar dispuesto a modo de semillero, podemos hacernos con una buena cantidad de semilla para repoblar nuestro huerto o jardín siempre que lo deseemos.
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