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Acuicultura

CULTIVOS - MOLUSCOS

Almejas, vieiras y cefalópodos - 2ª parte


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Vieiras

a tradicional concha de Santiago se presenta en las costas españolas en dos especies distintas: la Pecten máximus - en el Atlántico- y la Pecten jacobaeus -en el Mediterráneo-. Por todos los mares templados hay repartida una gran cantidad de distintas especies de vieiras, relacionándose bajo el nombre de Pectenidae quince especies distintas en el diccionario de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico. Aunque las dos especies nombradas presentan diferencias para los científicos, para los fines de explicar su producción pueden considerarse iguales.

La vieira tiene dos conchas desiguales de contorno casi circular, una plana (la superior) y otra muy abombada (la inferior, sobre la que está posada). A cada lado de la charnela disponen ambas conchas de sendos salientes casi planos y triangulares, que se denominan orejas y que sirven al inexperto de tierra adentro para distinguirlas de otros moluscos similares como la volandeira y la zamburiña que, además de otras diferencias, tienen las orejas claramente desiguales.

Disponen de un solo músculo aductor y presentan la curiosidad -para los no científicos- de que en los bordes extremos del tegumento que cubre interiormente las valvas (manto) disponen de una serie de ojos, de color verde, que aunque no «ven» son sensibles a la luz.

La vieira, como especie hermafrodita, dispone simultáneamente de gametos masculinos y femeninos; a lo largo de todo el verano se produce el desove, con fecundación exterior en el agua. Durante su vida larvaria se sujeta con ligamentos (biso) a un soporte, del que posteriormente se suelta cuando las conchas están formadas.

La vieira vive sobre el fondo marino, a partir de los 10 m. de profundidad hasta un máximo de cerca de 50 m. Prefiere los fondos arenosos y gravosos y se traslada con facilidad moviendo enérgicamente sus valvas.

Por experiencia se sabe que la vieira desarrolla mejor y supervive más en cultivo vertical que en cultivo horizontal, donde está demasiado expuesta a los depredadores. Como colectores para su cultivo se utilizan grupos de pequeños sacos de red de nylon, dentro de los que se introduce otra red -apelotonada- de malla muy tupida. A través de este conjunto, que se sitúa en proximidad o alrededor de los reproductores, pasa el agua libremente y las larvas de vieira se fijan con el biso a la red tupida; cuando están crecidas y se desprenden del biso se encuentran atrapadas por la red del saco exterior. Tales colectores, formados por un conjunto de unos 12 sacos, se instalan por el sistema de "long line" (cuerda larga con flotadores y tiras colgando) a una profundidad de unos 10 m. cuando no se utilizan reproductores propios.

Otros moluscos

Los científicos nos hablan de posibilidades de cultivo de otras especies de moluscos, entre los que no debemos olvidar a los berberechos, que, junto a otros bivalvos como las almejas y las chirlas, son muy apropiados para el cultivo extensivo en bancos naturales.

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Fijaciones de oreja de mar

Tal cultivo se reduce en la práctica al cuidado de los fondos (eliminaciones de algas y de estrellas, oxigenación del sustrato "arándolo" ), al rareo y resiembra (si la población es excesiva) y a la observancia de la tasa del esfuerzo sostenible, que en la práctica se limita al respeto a la talla mínima de extracción autorizada (talla comercial).

Cefalópodos

Cultivos de cefalópodos como el calamar, la jibia y el pulpo, son exitosos en Japón y EE.UU. La especie más lograda ha sido la jibia (Sepia sp. y Sepiella sp.), partiendo de los huevos que se encuentran fácilmente pegados a las algas en la costa. La puesta en cautividad, partiendo de progenitores maduros, resulta antieconómica según los técnicos japoneses.

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Racimo de huevos de calamar (Finisterremar S.A.)

Tienen sexo separado y la reproducción precisa cópula, poniendo la hembra huevos sueltos o en racimo, según especies. Los racimos de huevos aislados han de ser separados cuidadosamente, colocándose los huevos aislados sobre una tela de malla de plástico, a media agua, en la bandeja de cultivo. Durante su incubación se mantienen éstas a oscuras, lográndose así eclosiones del 90 por 100.

Tras el período de incubación del huevo nacen directamente los juveniles, que comienzan su alimentación a los dos días, debiéndoseles suministrar pequeños crustáceos (mysis) durante un mes y medio, en que alcanzan talla de unos 3 cm. Pasado este período, del que se conocen un 75 por 100 de supervivencia, pueden alimentarse de pescado o crustáceos, siendo la dieta recomendada dos veces al día el 10 por 100 de su peso en piezas enteras. A los 5 meses se logran ejemplares de 0,5 kg.

En EE.UU. se cultiva el calamar con fines de investigación médica (neurobiología) por disponer de gruesas fibras nerviosas. La dependencia de los huevos capturados en la naturaleza, el canibalismo y la dificultad de la alimentación son los factores que, han frenado el cultivo industrial de estas especies de tan rápido crecimiento.

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