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La elaboración del compost
a elaboración del compost, o proceso de compostaje,
comenzó a perder interés a raíz de la
industrialización de la agricultura y utilización de
abonos sintéticos, pero en los últimos tiempos está
recobrando su protagonismo debido, sobre todo, a la
cada vez más demandada agricultura biológica.

Los fangos extraídos de las instalaciones
depuradoras son aprovechables como materia prima
en las plantas de compostaje
La obtención del compost es muy económica y útil en
regiones de la Tierra con suelos agrícolas pobres.
Industrialmente las plantas de compostaje utilizan
como materia prima los fangos que extraen de las
depuradoras, estiércoles y desechos orgánicos
domésticos. Durante el proceso de fermentación
controlada de los residuos orgánicos se verifican
temperaturas de hasta 70º C., lo que permite
eliminar los posibles gérmenes patógenos, así como
evitar la germinación de las semillas que puedan
contener.
El compost puede producirse
mediante dos métodos, el aeróbico y el anaeróbico,
es decir, mediante presencia de oxígeno o en
ausencia de él. El método anaeróbico se realiza
mediante fermentación dentro de cámaras cerradas
(digestores) que impiden la entrada del aire, y
donde los microorganismos descomponedores
desarrollan una atmósfera enrarecida creada por la
formación de gases como el metano. Este método es
más rápido que el aeróbico, pero requiere control e
instalaciones adecuadas; se trata de un sistema
similar al utilizado para fabricar los
biocombustibles.

Los restos de las cosechas pueden incorporarse como materia prima en la
elaboración del compost
Por su parte, el método aeróbico es el más simple y
económico de llevar a cabo. Los residuos se sitúan
al aire libre, o en cámaras cubiertas pero que
dispongan de buena aireación, sea natural o mediante
ventilación forzada. Frecuentemente se voltean los
residuos (en los procesos industriales se realizan
con palas mecánicas), y se controla que siempre
exista humedad, temperatura y un pH neutro. Si los
residuos provienen de estiércoles o lodos de
depuración, se suelen incorporar restos forestales y
vegetales para dar al compost mayor consistencia.
Cuando la fermentación ha finalizado se procede a un
secado y cribado rotativo (desmenuzado), donde los
restos son separados de las materias útiles como
abono.
El compost también se puede
elaborar en forma doméstica, aprovechando los
residuos orgánicos del hogar, restos vegetales de
las cosechas o forestales (hojas, ramas,
plantas...). Podemos añadir restos de frutas,
verduras, huesos machacados, y en general cualquier
alimento en fresco o cocinado. Para ello, debemos
disponer de alguna parcela de terreno,
preferiblemente algo apartada de la vivienda para no
acusar los gases de la fermentación.
Para el depósito podemos utilizar una zanja excavada
en el suelo, un bidón o un cajón grande para ir
depositando los residuos, pero en ese caso nos
veremos obligados a ir removiéndolos frecuentemente
para facilitar la aireación. Lo más práctico es
proceder al apilado de los residuos, pero procurando
situarlos en capas separadas por ramas o palos
entrecruzados, esto permitirá que penetre el oxígeno
y facilite la aireación.

Para el depósito de los residuos podemos
utilizar una zanja excavada en el suelo, un
bidón o un cajón grande, situado preferiblemente
en un lugar apartado de la vivienda para no
acusar los gases de la fermentación
Antes de extender las materias orgánicas debemos
mezclarlas con algo de tierra y cal. Debe existir
siempre un grado de humedad suficiente, en otro caso
la fermentación podría detenerse, por ello hay que
humedecer la pila de vez en cuando para compensar la
que se vaya evaporando (no en exceso para no
provocar el lavado). Frecuentemente se deberán
remover los residuos para asegurar una buena
ventilación.
Estas actividades permitirán a las bacterias y otros
microorganismos edáficos formar humus por
descomposición; si observamos que la pila despide
calor o humea es que la fermentación se está
produciendo correctamente. Podemos potenciar el
proceso, acelerarlo y enriquecerlo con nutrientes si
le añadimos estiércol líquido. Si existe buena
aireación podemos mejorar aún más el producto final
si le incorporamos las lombrices de tierra que
podamos encontrar. En 6 meses tendremos un compost
excelente listo para añadir a los suelos de nuestro
huerto o acondicionar las tierras de cultivo.
Como añadido, será útil saber que los huesos machacados añaden fosfatos a los suelos pobres y donde se vaya a cultivar leguminosas y cereales. Las cenizas les añaden potasio, que tiene buenos resultados en los suelos ligeros y arenosos. Si los residuos orgánicos contienen materias con alto contenido en metales pesados, como son los lodos procedentes de depuradoras, el compost resultante sólo será adecuado para utilizarlo en la rehabilitación de terrenos muy degradados, no para tierras de cultivo ordinario, o en todo caso para fabricar materiales de construcción.
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